Reflexiones sobre Los siete locos, de Roberto Arlt.

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La angustia vital en su estado puro se llama Roberto Arlt. Prepárense para la entrar a la locura del universo arltiano.

“¿Estaré loco?” Experiencia de lectura

Llegué a Arlt casi por nostalgia, en un momento de mi vida en que veía una foto del obelisco y me emocionaba. Por tanto, necesitaba (no sé si para curarme o para regocijarme en mi propia nostalgia) leer algo realmente argentino; en realidad, algo bien porteño, bien lunfardo, pero a la vez, bien clásico. Y haciendo un poco de memoria sobre los grandes escritores argentinos, llegué a Arlt, cuyo estilo me parecía que podía encajar con esta búsqueda.

Y no me equivoqué. Los siete locos (y su continuación Los lanzallamas) es una novela que gira sobre el tema de la angustia del ser humano en su punto más extremo, llegando a revelar personajes atormentados, en busca del sentido de su existencia y llegando a los extremos de la locura. Los personajes arltianos son miserables y confinados a la más profunda de las soledades. Pero ¡cómo! ¿No es acaso esa soledad el mal endémico de nuestra sociedad postmoderna? ¿No estaremos todos un poco contagiados de la locura de Remo Erdosain

Leer a Arlt me permitió caminar por Buenos Aires, por sus calles y barrios descritos a la perfección. Arlt es un maestro de la descripción. La ciudad parece a veces un personaje más de la novela y se entremezcla con la personalidad del personaje principal, quien interrumpe la trama durante casi toda la novela para mostrarnos su interior más profundo. Remo Augusto Erdosain nos cuenta lo que piensa, lo que siente, lo que imagina (llegando a ser delirante) y se va preguntando cosas sobre su vida, su existencia y la de los demás.

Un primer capítulo de casi pura introspección. 

A muchos les puede resultar aburrido. A mí, en cambio, el primer capítulo (en total son tres) me pareció sencillamente perfecto. Leyendo este capítulo, el lector ya conoce al personaje.

Pero él ya estaba vacío, era una cáscara de hombre movida por el automatismo de la costumbre.

Brillante es el recurso de graficar algo tan inteligible como la angustia. Arlt nos habla de la llamada “zona de la angustia“, “consecuencia del sufrimiento de los hombres” que es como “Un gas venenoso” que atraviesa la ciudad. Constantes preguntas existenciales nos taladran la cabeza y nos plantean un personaje complejo, que se siente desesperado ante su problema (una deuda que ha contraído con la empresa donde trabaja). Y los breves intervalos de esperanza se difuminan una y otra vez con la angustia, que se instala no sólo en su alma, en su conciencia, sino también en cada uno de sus órganos corporales.

pero la angustia le taponaba la laringe mientras que de repugnancia el estómago se le cerraba como un puño

¿Tiene usted seiscientos pesos?

Me cuesta creer que este libro no haya sido bien recibido en el ambiente literario de la época.  Muchos decían que el estilo de Arlt era de mal gusto y que escribía mal. Es probable que esa misma gente que se escandaliza ante una palabra obscena, no haya tenido la lucidez de percatarse de todos los recursos estilísticos y narrativos que contiene este libro.

—Perdone que lo interrumpa. He venido para un asunto grave. ¿Tiene usted seiscientos pesos?

Los diálogos son enervantes, me ponen nerviosa pero con una nerviosidad divertida, que me hace partícipe de la conversación, totalmente alocada, totalmente disparatada pero que sigue la lógica de cada personaje. El léxico utilizado refleja las expresiones de la época (“Rajá, turrito, rajá…“). Y después de usar este tipo de registros, bien sucios, bien callejeros, Arlt contraataca con un narrador omnisciente profundo, puramente emocional, reflexivo. Todo demuestra la enorme riqueza de registros lingüísticos de este escritor (y…por eso Arlt es Arlt)

Erdosain encerraba todo el sufrimiento del mundo, el dolor de la negación del mundo.  ¿En qué parte de la tierra podía encontrarse un hombre que tuviera la piel erizada de más pliegues de amargura? Sentía que no era un hombre, sino una llaga cubierta de piel, que se pasmaba y gritaba a cada latido de sus venas. Y sin embargo, vivía.

 

Avance hacia la locura.

Quisiera violar algo…“, dice Erdosain terminando el primer capítulo, “… violar el sentido común“. Asistimos a un descenso del estado mental de nuestro personaje hacia las profundidades de la locura. Sin embargo, no nos parece todavía un personaje que esté tan loco. Después de todo, ¿qué hay del farmacéutico Ergueta, obsesionado con la lectura de la Biblia? ¿Y el monstruoso Rufián melancólico, con esa misoginia y ese escepticisimo, esa frialdad? ¿Y el Astrólogo? ¿De verdad pretende dominar a las masas?

No… antisocial, puede ser,  pero ¿estaba loco? No lo sabe Remo ni lo sabemos nosotros. Pero al lado de esa otra gente, Erdosain no nos parece tan enajenado. Al menos Remo piensa sobre su locura, reflexiona y es consciente de su estado de desesperación.

Pero pese a todos los recursos narrativos puestos en la descripción y en la profundidad de los personajes, hemos avanzado en la trama. Ya tenemos el objetivo de los personajes, la planificación de un asesinato que dé sentido a la existencia, que otorgue identidad y que le permita a Remo ser partícipe de algo grande, algo que lo aleje de lo insignificante de su existencia.

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