Esteban Echeverría: Cartas a un amigo. La estética del romanticismo en Argentina

Hablaremos de un escritor argentino de la generación del 37: Esteban Echeverría. Nos centramos en una de sus obras: “Cartas a un amigo”…

Esteban Echeverría puede enmarcarse dentro del panorama literario argentino postrevolucionario,  de la generación del 37. En sus textos, se filtra la estética romántica europea, que destacaban los sentimientos humanos más profundos. Muchos de sus textos son de carácter político, contrario al gobierno porteño de Rosas. Pero esta vez nos centraremos en una de sus obras que entiendo como más “literaria”.

En “Cartas a un amigo” Echevarría escribe de una manera tan emotiva que recuerda a la estética romántica europea. En dichas cartas, Echevarría habla de la muerte de su madre que le produce una tristeza enorme. Y poco a poco, va contando cómo vive su recuperación, dejando ver una personalidad pesimista, en general.

La muerte es, para Echevarría, como una “cuchilla justiciera”, que se burla de  nuestra “previsión y poder”. La tristeza de sus palabras se agudiza cuando leemos en Echeverría su sentimiento de culpabilidad por sus errores pasados de la juventud. Palabras como estas, nos muestran el proceso de duelo del autor tras la muerte de su querida madre:

He permanecido por algunos días en una especie de pasmo o suspensión de que conservo una idea muy confusa: estuve, según me dicen, a punto de enloquecer (…) ¿Qué es la vida, amigo, y la felicidad para el hombre? Vanos sueños, sombras fantásticas que se disipan en un momento. El hábito de verla y hablarla me lleva muchas veces a su cuarto: allí está la silla, el sofá, la mesa, la cama; pero todo desierto y silencioso… Salgo de allí como un frenético y corro por las calles hasta llegar a su sepulcro; me hinco sobre la fría losa que lo cubre; lloro, ruego, la llamo y una voz apagada me responde del seno de la tierra: <<Está en el cielo>>. Sí, amigo, está en el cielo, pero yo no estoy con ella y estoy solo en el universo

Hay una cita hermosa en el texto, que hace referencia al hecho de que a la gente no le gusta soportar a personas que sufren; por eso la amistad es fácil cuando no hay problemas, cuando sólo hay diversión y buenas charlas. Pero cuando el dolor humano y el sufrimiento más profundo emanan de nosotros, quedamos solos. ¡Qué adelantado me parece este pensamiento! Vivimos en una sociedad mucho más individualista que la de Echevarría, mucho más hedonista. ¿Qué son las redes sociales sino un intento de reflejar que se tiene una vida triunfal y feliz, aún a costa de ocultar nuestras debilidades y penurias?

No hay amigos para el dolor, porque el que sufre lleva escrito en la frente este emblema que todos miran con horror (…). La prosperidad es el único cebo de los amigos; ellos vienen cuando podemos entregarnos con júbilo insensato a los placeres y mezclarnos en sus reuniones tumultuosas (…). Pero cuando la tristeza oscurece nuestros semblantes y las lágrimas humedecen nuestras mejillas, huyen aterrados.

Pero no todo es tan deprimente en las palabras de Echeverría. Lejos de la ciudad, revaloriza el potencial de la naturaleza y la meditación para ayudar a nuestra mente. Nos cuenta de sus experiencias en el campo y sus reflexiones sobre la vida. Conoce a personas que atraviesan sus propios dramas y padecimientos, y esto le ayuda a relativizar un poco su situación, con la idea de que el sufrimiento humano es algo inevitable. Cada persona tiene un destino que soportar, lo que recuerda al ideal filosófico del estoicismo.

me retiré lentamente pensando sobre las vicisitudes de la suerte y sobre la fragilidad de las cosas humanas


Ante todo, es Echeverría un gran observador que reflexiona sobre el proceso de vida y de muerte, que está presente en todos los elementos de la naturaleza.  Llama la atención que un pensador como Esteban Echeverría no fuera capaz, a pesar de su mirada intelectual y pensante, de alejarse de la mentalidad de la época respecto a la concepción de la mujer como sexo débil y la del hombre como sexo superior. Entiendo que no se le puede pedir una cosmovisión tan moderna, pero decepciona mucho leer, en medio de tan brillantes palabras, las siguientes declaraciones:

A las mujeres se les puede tolerar esta pequeña extravagancia anexa a la debilidad de su sexo, porque en cambio poseen las gracias, la belleza y ese deslumbrante atractivo, gloria y tormento de nuestros corazones. Pero a los hombres, no, porque el hombre nació para más alto fin, para pensamientos más nobles y elevados

La prosa Echeverriana me recuerda muchas veces a las penas del joven Werther. Sin intentar comparar al argentino con el todopoderoso Goethe, entiendo que la influencia del romanticismo se dejó sentir también a este lado del océano. La estructura de esta obra en forma epistolar, aumenta el parecido con la obra citada, así también como la temática del amor no correspondido. Leemos autores de esta época y nos parece que la concepción del amor ha cambiado rotundamente desde entonces (¿Quién llora por amor hoy? ¿Quién se atreve a vivir el fracaso amoroso como una enfermedad que al mismo tiempo dignifica y purifica el alma humana?)

¡Qué cruel debe ser el martirio del que ama sin ser correspondido! A medida que su pasión crece, a medida que su imaginación se engolfa en la ilusión encantadora de la posesión del objeto amado, cada desdén es un puñal agudo que se clava en su corazón (…); cada desengaño una nube opaca que se levanta a oscurecer el astro de su esperanza. Es de compadecer el que se halle en semejante situación.

Pero el momento de mayor dramatismo, es aquella carta en la que Echeverría le cuenta a su amigo cómo han perecido el hermano y el novio de su estimada María, una joven que conoció en el campo y que vivía en la miseria. En este sentido se pregunta dónde está Dios y por qué hace sufrir a los hombres justos, en vez de prodigar bienestar.

¡Cuántas calamidades en un solo instante! ¡Cuántas esperanzas desvanecidas! ¡Cuántos inocentes desdichados! ¿Dónde está, amigo, la mano de la Providencia? ¿Por qué abandona así sus criaturas a los tiros crueles de la fortuna? ¿No puede derramar torrentes de bien por todas partes? ¿Por qué deja, pues, al mal enseñorearse del mundo y pasear su hoz inhumana en medio de los hombres? ¿Necesita por ventura su cólera, para aplacarse, tantas víctimas, y tantas víctimas inocentes? ¿Por qué no abate al criminal, al perjuro, al homicida y no deja que la virtud viva contenta para ensalzar su nombre? (…) ¿Le cuesta tanto llenar el universo con la inmensidad de sus bondades? ¿Para cuándo las guarda?

 

Como he dicho, Echeverría entremezcla rayos de esperanza en su carácter profundamente introspectivo. Contra toda previsión, Cartas a un amigo esconde también un mensaje positivo, una sabiduría subterránea que, reconociendo el componente trágico de la vida, no cesa en admitir que hay elementos fugaces y esporádicos en la vida que merecen ser vividos.  Este es el mensaje que transmite esta breve obra epistolar.

¿Serán, amigo, ilusiones fugaces como todas la que han alimentado hasta aquí mi vida? Qué importa: el náufrago que lucha fatigado con las aguas debe asirse de la primera tabla que se le presente aunque luego las olas turbulentas y encrespadas lo envuelvan de nuevo en sus tumultuosos remolinos

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