El romanticismo en Argentina

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En Argentina, la independencia llegó hacia 1816 y con ella aparecieron nuevos problemas y desafíos. La literatura del momento reflejó estos problemas.

¿Existe un romanticismo argentino?

Hacia principios del siglo XIX, los países latinoamericanos estaban empezando a constituirse. Algunos tardaron más que otros, pero los procesos de independencia ya habían empezado y el espíritu revolucionario estaba sembrado. En Argentina, la independencia llegó hacia 1816 y con ella aparecieron nuevos problemas y desafíos. La literatura del momento reflejó estos problemas.

La literatura de las primeras generaciones de los revolucionarios de Mayo tiene una gran incidencia en cuestiones políticas. Por eso, la literatura romántica que tendrá lugar en la generación siguiente, incorpora la temática social y será nacionalista. La llamada Generación del 37 hace aparecer a un conjunto de escritores de estética romántica. Estos escritores han viajado a Europa, se han relacionado con los movimientos artísticos de allí y luego han trasladado esas ideas al panorama literario argentino.

Se trató de un movimiento literario que encajaba muy bien con los procesos políticos que se estaban generando en estos momentos en las nuevas naciones latinoamericanas.

Se fundaron salones literarios en Buenos Aires, y una gran actividad artístico literaria empezaba a gestarse con fuerza. La obra de Esteban Echeverría se puede entender dentro de esta estética y generación. Pero también el Martín Fierro de José Hernández; la obra de Sarmiento, Mármol, Alberdi y Eduardo  Gutiérrez. 

Contra el iluminismo, los románticos se opusieron a esa visión racional y lineal de entender la historia de un país. Los románticos eran partidarios de ver la realidad subjetivamente, entender las particularidades de cada cultura. Y sin embargo, la confianza en el conocimiento es un rasgo en que no se se diferenciaban de los iluministas. Tener saber, creían ellos, daba el poder de cambiar la realidad.

Pero si estos intelectuales escribían sobre temas políticos, resulta evidente que no pudieron escribir con total libertad. Estos escritores escribieron muchas veces desde el exilio. Quizás, por tanto, nos encontramos frente a la primera literatura de exilio de nuestro país. El gobernador porteño del momento, Juan Manuel de Rosas (cuyo gobierno fue una especie de dictadura permitida), no tuvo ningún interés en escuchar las propuestas de estos jóvenes intelectuales. Muchos de ellos querían superar la dicotomía entre unitarios y federales, grupos en que se dividía la sociedad según optara por un gobierno centralizado en Buenos Aires o un régimen donde las provincias tuvieran igual peso en las decisiones políticas y económicas.  Estos grupos políticos se habían enfrentado durante muchos años, dando como resultado un auténtico mar de sangre que siguió al proceso independentista, pero esta vez en forma de guerras civiles. Por eso, desde el exilio, estos escritores intentaron coordinar acciones contra el gobierno rosista que fracasaron.

Por supuesto, prima lo emocional o sentimental frente a lo racional. Aunque esta característica no siempre se dio… (véase, por ejemplo, El Matadero de Echeverría, que combina elementos realistas con características románticas)

La diferencia fundamental entre el romanticismo argentino y el europeo es que este último estuvo enfocado en la nostalgia del pasado (los valores de la Edad Media) y el argentino estuvo enfocado hacia el futuro, en la idea de construir un país. Combinaba elementos españoles con elementos autóctonos. Surge la gauchesca, la idealización del paisaje local (lo local es exaltado). Hay una primacía de lo popular frente a los valores más elitistas. Es típica de este movimiento, la creencia de que es necesario explorar las costumbres populares (Véase “Facundo” de Sarmiento).

Pero hay en Sarmiento una visión dualista entre Civilización y barbarie que termina por entender que hay en Argentina dos países en uno: el de las masas rurales y el de las ciudades progresistas. Él concluyó, finalmente, en que era imposible el desarrollo de un país con estas fuerzas en constante oposición y opinó que era imprescindible que una de ellas (la civilizada, la progresista), se impusiera. Para Alberdi, sin embargo, la base de la civilización y la barbarie no tenía tanto que ver con este análisis que hacía Sarmiento, sino más bien con la exposición o lejanía a lo europeo. Lo civilizado era lo europeo y los territorios privados de ese contacto, serían los menos progresistas.

PARA SABER MÁS: VER “LA GENERACIÓN DEL 37” (EN YOUTUBE) 

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