Diarios de motocicleta: El Che antes de ser el Che.

En esta entrada hablaré de Diarios de motocicleta – Notas de viaje por América Latina, de Ernesto “Che” Guevara.

Pocas veces una película me ha llevado a un libro. Suele ocurrir —y la gente dice que es mejor así— que sea un libro quien me lleve, si es que me lleva, a una película. No me considero muy aficionada al cine. Quizás sea porque entre los libros, los amigos y la música, no me queda tiempo para más aficiones en esta vida. Pero en todo caso, en esta entrada hablaré de Diarios de motocicleta – Notas de viaje por América Latina, de Ernesto “Che” Guevara.

Se trata de uno de los libros menos “políticos” o ideológicos del Che, porque fue escrito antes de que Ernesto Guevara llegara a ser propiamente el Che. Es la historia de su viaje; de un Viaje con mayúsculas que le llevó a entender la realidad latinoamericana, el sufrimiento y las potencialidades de sus gentes.

“Allí, en estos últimos momentos de gente cuyo horizonte más lejano fue siempre el día de mañana, es donde se capta la profunda tragedia que encierra la vida del proletariado de todo el mundo; hay en esos ojos moribundos un sumiso pedido de disculpas y también, muchas veces, un desesperado pedido de consuelo que se pierde en el vacío, como se perderá pronto su cuerpo en la magnitud del misterio que nos rodea. Hasta cuándo seguirá este orden de cosas basado en un absurdo sentido de casta, es algo que no está en mí contestar pero es hora de que los gobernantes dediquen menos tiempo a la propaganda de sus bondades como régimen y más dinero, muchísimo más dinero, a solventar obras de utilidad social”.

Sus reflexiones no solo se basan en lo emocional, sino en un análisis profundo de la realidad latinoamericana:

“Chile es productor del 20% del total de cobre del mundo, y en estos momentos inciertos de preguera en que este metal ha tomado vital importancia por ser insustituible en algunos tipos de armas de destrucción, se libra en este país una batalla de orden económico- político entre los partidarios de la nacionalización de las minas que une a las agrupaciones de izquierda y nacionalistas y los que, basándose en el ideal de la libre empresa, juzgan que es mejor una mina bien administrada (aun en manos extranjeras), a la dudosa administración que pueda hacer el Estado (…). Sea cual fuere el resultado de la batalla, bueno sería que no se olvidara la lección que enseñan los cementerios de las minas, aun conteniendo solo una pequeña parte de la inmensa cantidad de gente devorada por los derrumbes, el sílice y el clima infernal de la montaña”.

 La descripción de los paisajes nos revela lo que pocas veces se ha dado en la historia: un hombre de acción que es habilidoso, al mismo tiempo, para el arte literario.

“el perfume de la naturaleza nos acariciaba las fosas nasales; pero ocurre un hecho curioso: se produce un empalagamiento de lago y bosque y casita solitaria con jardín cuidado. La mirada superficial tendida sobre el paisaje capta apenas su uniformidad aburrida sin llegar a ahondar en el espíritu mismo del monte, para lo cual se necesita estar varios días en el lugar”.

Suele decirse que viajar abre las mentes, permite el encuentro con uno mismo y con los demás. No creo que esto sea siempre así. Pero en el caso de Ernesto Guevara, el viaje fue acompañado de mucha reflexión y mucha empatía. Al margen de la ideología que uno profese, creo que hubo pocos personajes en la historia tan consecuentes consigo mismos.

 “Allí comprendimos que nuestra vocación, nuestra verdadera vocación, era andar eternamente por los caminos y mares del mundo. Siempre curiosos; mirando todo lo que aparece ante nuestra vista. Olfateando todos los rincones, pero siempre tenues, sin clavar nuestras raíces en tierra alguna, ni quedarnos a averigua el sustratum de algo; la periferia nos basta”.

En esto pensaría Guevara cuando llevó la Revolución a todos los estados latinoamericanos comidos por la miseria y la corrupción. ¿Cómo entender el sufrimiento del otro, desde la bronca que genera que un continente lo tenga todo para ganar y sin embargo, se empeñe en perder? Y sobre todo, ¿Cómo, a partir de tanto dolor y tanta bronca, se tome partido por el bien común?   

Una de las experiencias que Guevara comenta de su viaje, es su encuentro con un matrimonio de obreros chilenos comunistas. De la conversación que tuvo con ellos, nos cuenta la problemática del proletariado explotado y oprimido por las grandes corporaciones que generan miseria:

“Allí nos hicimos amigos de un matrimonio de obreros chilenos que eran comunistas. A la luz de una vela con que nos alumbrábamos para cebar el mate y comer un pedazo de pan y queso, las facciones contraídas del obrero ponían una nota misteriosa y trágica; en su idioma sencillo y expresivo contaba de sus tres meses de cárcel, de la mujer hambrienta que lo seguía con ejemplar lealtad, de sus hijos, dejados en la casa de un piadoso vecino, de su infructuoso peregrinar en busca de trabajo, de los compañeros misteriosamente desaparecidos, de los que se cuenta que fueron fondeados en el mar. El matrimonio aterido, en la noche del desierto, acurrucados uno contra el otro, era una viva representación del proletariado de cualquier parte del mundo. No tenían ni una mísera manta con que taparse, de modo que le dimos las nuestras y en la otra nos arropamos como pudimos Alberto y yo. Fue ésa una de las veces en que he pasado más frío, pero también, en la que me sentí un poco más hermanado con esta para mí extraña especie humana”.

¿Cómo entiende el autor al comunismo desde esta óptica, teniendo en cuenta que todavía no se trata quizás de un pensamiento maduro? Y sobre todo, ¿Cómo explica que una doctrina compleja a nivel sociológico, pueda traducirse en la manera de pensar de personas de a pie, trabajadores humildes, que nunca han leído a Marx ni a Trotsky? El lector debe situarse en el contexto anticomunista de la época, promovido desde ciertos nortes, cuando lee párrafos como éstos:

“Dejando de lado el peligro que puede ser o no para la vida sana de una colectividad, ‘el gusano comunista’, que había hecho eclosion en él, no era nada más que un natural anhelo de algo mejor, una protesta contra el hambre inveterada traducida en el amor a esa doctrina extraña cuya esencia no podría nunca comprender, pero cuya traducción ‘pan para el pobre’ eran palabras que estaban a su alcance, más aún que llenaban su existencia”.

La frase más hermosa del libro, a mi juicio, es sin embargo aquella que habla de la empatía cuando se refiere a la falta de libertad del minero. La posibilidad de elección es una mentira que Guevara no está dispuesto a creerse; es la estrategia del sistema capitalista para hacernos creer que vivimos de manera libre cuando en realidad somos esclavos. Este es el enojo del autor cuando dice lo siguiente:

“Eficacia fría y rencor impotente van mancomunados en la gran mina, unidos a pesar de odio por la necesidad común de vivir y especular de unos y de otros; veremos si algún día, algún minero tome un pico con placer y vaya a envenenar sus pulmones con consciente alegría. Dicen que allá, de donde viene la llamarada roja que deslumbra hoy al mundo, es así, eso dicen. Yo no sé”

Y si se habla sobre la hipocresía del sistema, hablemos entonces de la meritocracia que segmenta a la población y crea desigualdad. El caso analizado, es el chileno, pero podría aplicarse a muchos países. ¡Qué acentuada está esta crítica hoy, en el mundo dominado por una economía basada en la tecnología y en las élites científico-técnicas!

Como país, Chile ofrece posibilidades económicas a cualquier persona de buena voluntad que no pertenezca al proletariado, vale decir, que acompañe su trabajo de cierta dosis de cultura o preparación técnica. Tiene en su territorio facilidad para sustentar la cantidad suficiente de ganado como para abastecerse (lanar sobre todo), cereales en cantidad aproximadamente necesaria y minerales como para convertirse en un poderoso país industrial, ya que tiene minas de hierro, cobre, hulla, estaño, oro, plata, manganeso, salitre. El esfuerzo mayor que debe hacer es sacudirse el incómodo amigo yanqui de las espaldas y esa tarea es, al menos por el momento, ciclópea, dada la cantidad de dólares invertidos por éstos y la facilidad con que pueden ejercer una eficaz presión económica en el momento en que sus intereses se vean amenazados”.

 

Anuncios

¿Sabes escribir? ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s