Procesos creativos: Cómo escribía Antón Chéjov

En esta entrada te cuento las manías y costumbres de Antón Chéjov a la hora de escribir sus cuentos.

Me encanta conocer cómo trabajaban en sus procesos creativos los grandes escritores que nos dio la literatura universal. En esta entrada te cuento las manías y costumbres de Antón Chéjov a la hora de escribir sus cuentos.

Antón  Chéjov (1860-1904) fue un escritor ruso al que podemos enmarcar dentro del movimiento realista. Fue uno de los grandes cuentistas que nos dejó la literatura universal y también escribió obras de teatro.  Además de escritor, fue médico. En el prólogo de los Cuentos escogidos, Maugham (1989) nos revela algunas extravagancias sobre el estilo del escritor ruso, así como sus condiciones de vida y sus experiencias:

Chéjov escribía en condiciones difíciles: Como muchos escritores, debió hacer frente a una vida complicada a nivel familiar y económico. Al crecer, estudió medicina y acabó por independizarse, siempre con problemas económicos. Dada la situación desesperada de su familia, empezó a escribir historias cómicas y las envió  a un semanario, recibiendo gran aceptación aunque la paga era escasa.  Decía Chéjov de su infancia:

“La primera pregunta que yo me hacía en la mañana, al despertar, era: ¿seré golpeado nuevamente hoy? Me prohibieron todo juego o diversión. Debía ir por la mañana a los servicios religiosos, y por la tarde a besar manos de pastores y pepes, leer los salmos en la casa… A los ocho años tuve que atender la tienda; trabajaba como muchacho de mandados, y esto afectó mi salud porque me golpeaban casi todos los días. Después, cuando se me envió a un colegio de secundaria, estudiaba hasta las horas de comer, y desde entonces hasta la noche debía cuidar la tienda”.

Tenía Chéjov un ejercicio literario interesante: Reescribía cuentos que admiraba. Tomaba como modelo, por ejemplo, un cuento de Tolstoi y lo reescribía como mero ejercicio literario, con el objeto de aprender los métodos de aquellos escritores que admiraba hasta lograr un estilo propio. Guy de Maupassant era otro de sus modelos,

Además, conocía y aplicaba los aspectos técnicos del cuento: Eliminaba todo lo superfluo, utilizaba descripciones breves y claras, metía al lector en la escena con pocas palabras. Era partidario de no hablar de emociones que no se han sentido, aunque sin llevarlo al extremo: No hace falta matar a nadie para poder imaginar lo que un asesino siente, para empatizar con los personajes que se crean y experimentar sus sentimientos. Evitaba lo dramático, prefería lo común y corriente, la existencia normal de los hombres con sus problemas cotidianos y la angustia vital que generan.

Entendía que el fin de la literatura de ficción es agradar, no instruir: Entendía que la manera adecuada de escribir sus cuentos no era pensando en informar ni adoctrinar, ni siquiera concienciar… se trata más bien de generar belleza allí donde no parece existir. Él decía que, si el interés del lector son los problemas de la actualidad, no debería leer novelas ni cuentos, sino obras científicas sobre el tema.

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