Usted es el mejor escritor de todos los tiempos.

Muchos escritores, para publicar, deben ceder ante la demanda del mercado y los convencionalismos de su época. ¡Cuántos factores influyen en la obra! ¿Y qué hay del lector? ¿Qué busca el público en un artista?

Las pretensiones ocultas

¿Qué busca el escritor cuando crea una obra? ¿Qué busca cuando la presenta al público? ¿Se trata sólo de ganarse la vida? ¿Se peca de vanidad al pretender el reconocimiento ajeno? Muchos escritores, para publicar, deben ceder ante la demanda del mercado y los convencionalismos de su época. ¡Cuántos factores influyen en la obra! ¿Y qué hay del lector? ¿Qué busca el público en un artista?

 Muchas preguntan inician esta entrada. Escribo porque siento que cumplo una función que es necesaria para mí”, decía Borges, “si no escribo siento desventura y remordimiento”.

No se sabe muy bien qué motivación hay más allá de las meras ganas de sentarse y ponerse a escribir una historia, sea en prosa, sea en verso. Pero muchos lo describen como algo necesario, una obligación, algo de vital importancia. Borges y Cortázar hablaban de esta energía previa, este impulso que nos conduce a la hoja de papel. Ambos se refieren a la imposibilidad de elegir un tema y postulan que es más bien el tema el que lo elige a uno. La historia llega a uno, como una especie de revelación:

“Cuando yo escribo un poema es porque el poema insiste en que yo lo escriba pero yo no me propongo el tema” (Borges)

Esa fuerza, que es la misma que lleva a cualquier artista a crear, no creo que esté sujeta a las leyes del mercado o de la oferta y la demanda. Y, sin embargo, el escritor también escribe para que alguien mire su obra. ¿Hasta qué punto es reprochable escribir bajo demanda? ¿Escribir para ganar dinero opaca la calidad literaria? Yo siempre he pensado que sí y, sin embargo, Chejov escribió cuentos en masa, sin darles importancia, con un interés puramente económico (fue la situación desesperada de su familia el motivo por el cual empezó a escribir historias cómicas, enviándolas a un semanario y recibiendo una pequeña paga por ellas).

 “La medicina es mi esposa legítima; la literatura sólo mi amante” (A. Chejov)

¿Qué se busca en un buen escritor? ¿Qué valores son los que destacaríamos? No son los mismos que para un sujeto cualquiera. Somerset Maugham, en un prólogo a los cuentos de Chejov, afirmaba que el escritor NO debe ser tolerante (al menos no cuando escribe). La tolerancia, decía, es una gran virtud humana pero no una virtud que deba tener el escritor. Éste deberá ser capaz de darnos su visión de la vida, empaparnos de su perspectiva, de su experiencia…y mostrarla desde un punto egocéntrico, totalizante, dictatorial incluso. El escritor no se puede poner a debatir y cuestionarse axiológicamente cada idea, porque de lo contrario no escribiría nada y sus personajes no avanzarían. Así, nos enfrentamos a personajes de dudosa moralidad que con los que incluso nos podemos llegar a identificar.

Lo que sí está claro es que el escritor/a debe tener una sensibilidad y un conocimiento sobre la naturaleza humana que otros no tienen o incluso desprecian. Fíjense qué dice Maugham sobre la relación que tiene el ser escritor con la medicina como profesión (y que yo aplicaría a todas las profesiones sociales o humanas):

“Tengo mis razones para pensar que el entrenamiento a que debe someterse un estudiante de medicina es  muy beneficioso para un escritor. Aquiere un inapreciable conocimiento de la naturaleza humana. Ve a ésta en sus mejores y peores momentos. Cuando la gente se enferma, cuando se asusta, deja a un lado la máscara que lleva cuando está sana. El médico la ve tal como es; egoísta, dura, avara, cobarde; pero también valerosa, generosa, amable y buena. El médico tolera sus debilidades y admira sus virtudes”

(S. Maugham).

Alguien que exploró mucho la cuestión de la vanidad en los escritores, el orgullo y narcisismo en el que se puede llegar a caer, fue Augusto Monterroso. Este escritor hondureño-guatemalteco fue célebre por su microcuentos de gran profundidad y un estilo muy característico. En sus obras, parodiaba mucho el arte de escribir y de publicar. Muchos de sus microrrelatos me hicieron reír al mostrarme la imagen del típico escritor que piensa que escribe bien, que recibe incluso algunos elogios que retroalimentan su ego y le imposibilitan hacer una crítica de su arte, haciéndole caer en el autoengaño.

“El único elogio que satisfaría plenamente a un escritor sería: «Usted es el mejor escritor de todos los tiempos». Cualquier otra cosa que no sea esto comienza a tener, según el escritor, cierta dosis de mezquindad de parte del mundo y de la crítica”

(A. Monterroso – El elogio dudoso).

En conclusión, el arte de escribir puede entenderse a partir de una necesidad vital, una fuerza creativa que emana desde uno mismo (o quizás, como dirían los antiguos poetas clásicos, desde el poder de los dioses). Las necesidades económicas y la necesidad de reconocimiento no están exentas de influir en el proceso creativo. Y, sin embargo, existe el equilibrio. Después de todo, ¿no es cierto que una cierta apreciación del elogio ajeno, especialmente cuando viene de quien uno admira, puede llegar a impulsar al escritor tímido? Después de todo, también existe una autocrítica destructiva y feroz que en ningún modo ayuda a expresar aquella energía creadora. Y en última instancia, es la responsabilidad ética de quien escriba lograr que esa fuerza no se extinga.

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