El país de los siete locos: Contexto del existencialismo arltiano.

Se ha dicho que la literatura es capaz de captar las esencias de una época, las ideas que pululan en una sociedad en un momento dado. Quizás esto explica lo oportuno de la obra arltiana. En esta entrada, lo analizamos.

Literatura y época

Los siete locos y Los lanzallamas, de Arlt, publicadas por el año 1929 en una Argentina que vivía unas circunstancias históricas, sociales y políticas particularmente difíciles que se sumaban  a la crisis económica mundial. En 1930, Argentina sufriría el golpe militar del general Uriburu al gobierno democrático de Yrigoyen.  ¿Es casualidad que Roberto Arlt haya publicado, un año antes, una novela cuyo eje principal es la ambición de poder, el abuso de autoridad, la búsqueda de un orden social totalitario? Se ha dicho que la literatura es capaz de captar las esencias de una época, las ideas que pululan en una sociedad en un momento dado. Quizás esto explica lo oportuno de la obra arltiana.

Si hay algo que caracteriza a nuestra sociedad moderna es la caída de los valores tradicionales que antaño manejaban los hilos de los hombres y les decían qué hacer y qué pensar. Ya no existe una Iglesia con suficiente poder para imponer su inquisición; no existe tampoco la obligación de creer en Dios; no existen los estamentos feudales que imposibilitaran la movilidad social pero que también garantizaban una conciencia de las propias aspiraciones. En su lugar, está la duda. Duda de cómo construir la propia vida (“¿Qué estoy haciendo con mi vida?” se pregunta Remo Erdosain), duda sobre la existencia de poderes superiores que manejen la historia humana; duda para la toma de decisiones que marcarán nuestro rumbo…

Claro que hay limitaciones y obstáculos para la libertad. Al matar a Dios, al abolir la sociedad estamental, al negar autoridad a instituciones eclesiásticas sobre la vida privada de los hombres, las sociedades occidentales se han percatado de que, aun así, no hay una libertad plena. ¿Qué espacio hay para el amor, para las relaciones sociales, para lo humanitario, en este espacio donde todo es relativizado? El resultado de la relativización fue la aparición de una sociedad incrédula, que no se termina de creer nada, que no termina de entender el sentido de la existencia de una manera totalizante. Y tanta duda crea angustia.

¡Angustia! Aquí llegamos al nudo central de las novelas de Arlt. Los personajes de Los siete locos están comidos por la angustia. Una angustia existencial, que nace de la abolición de todo aquello que daba un sentido, y que ahora ha sido puesto en jaque por nuestro propio deseo de libertad. Porque claro que es posible (aunque dificilísimo, para muchos) construir un sentido-de-existencia propio, pero ya nunca más será posible construir un sentido de existencia común, que abarque a todos los seres humanos.

Estos personajes arltianos son errantes, desencantados; han perdido las creencias, carecen de valores y ni siquiera confían en el sistema democrático. En su contra, basan su conducta en contravalores, basados en la búsqueda del reconocimiento ajeno de su propio poder. Y buscan definirse de alguna manera ante los demás… de alguna manera que les confiera cierta autoridad y legitimidad: Remo,  y como Jefe de industrias; el Astrólogo, como líder de una sociedad secreta; Ergueta, como profeta divino…

De esta manera es posible entender el rol que cumple el crimen en la novela y en la vida de los personajes arltianos. Lo vemos en Remo Erdosain, para quien el asesinato se va a convertir en una forma de definirse como alguien para alguien. Asesinando, su existencia tiene un sentido para terceras personas: para los familiares de la víctima, para el juez que tiene que trabajar en el caso, para la víctima en sí misma…

La sociedad secreta confiere legitimidad a sus integrantes. Los delirantes personajes pretenden crear esta sociedad para gobernar al país e imponer un régimen totalitario. Lo que menos interesa, a este efecto, es la ideología, pues este organismo no puede definirse como comunista ni fascista. Hay contradicciones: por momentos, los discursos tienden hacia uno u otro color ideológico. Pero la base es una: un régimen de terror, obediencia, conspiración.

“No sé si nuestra sociedad será bolchevique o fascista. A veces me inclino a creer que lo mejor que se puede hacer es preparar una ensalada rusa que ni Dios la entienda” (el Astrólogo, en Los siete locos).

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