Canto I en la Ilíada: un comienzo lleno de ‘Hybris’

Sentimientos y pasiones en el Canto I de la Ilíada.

 

Me gustan los comienzos de algunos libros. Uno de los más bonitos es el de la Ilíada, el viejo libro de la literatura griega que nos ha dejado Homero, que comienza invocando a las musas.

“La cólera canta, oh diosa, del pelida Aquiles, maldita, que causó a los aqueos incontables dolores…” (Inicio del canto I en la Ilíada – Homero)

Podría creerse que el tema central es la guerra, pero en realidad es más bien la cólera de Aquiles contra Agamenón (jefe militar), que producirá el cese momentáneo de su participación en la contienda. Se nos cuenta la historia comenzando desde una perspectiva totalmente aquea, es decir, griega.

¿A qué se debía este enojo por parte del héroe griego? Aquiles se había enojado con Agamenón, pues éste se había visto obligado a devolver uno de sus botines de guerra (nada más y nada menos que Criseida, muchacha esclava, hija del sacerdote Crises) y en consecuencia quería hacerse con el botín de Aquiles (Briseida, otra joven esclava). Aquiles se alteró mucho con la decisión de Agamenón, no tanto porque le tuviera especial cariño a su esclava Briseida, sino porque esto significaba una deshonra.

Por tanto la acción que toma la escena es interesante a partir de esta disputa. Hay una tormenta de pasiones y emociones fuertes.  Aquiles se enoja mucho, está a punto de matar a Agamenón de un espadazo…  palabras muy violentas son inferidas desde ambos lados. Así, podemos leer, por ejemplo, cómo increpa Aquiles a Agamenón:

Otra cosa te voy a decir, y tú métela en tus mientes: con las manos yo no pienso luchar por la muchacha ni contigo ni con otro, pues me quitáis lo que me disteis. Pero de lo demás que tengo junto a la veloz nave negra, no podrías quitarme nada ni llevártelo contra mi voluntad. Y si no, ea, inténtalo, y se enterarán también estos: al punto tu oscura sangre manará alrededor de mi lanza”.

(Aquiles en Canto I – La Ilíada – Homero)

Al leer la Ilíada uno no puede evitar, como lector, ponerse “de parte de” uno u otro personaje constantemente. En este primer canto, al margen de lo siniestras que nos resultan las prácticas de la esclavitud y los raptos de mujeres a modo de botín de guerra, hay que decir que las actitudes de ambos personajes resultan muy descontroladas. En un principio, como lectora he sentido más simpatía por Aquiles, ya que su reproche es comprensible basándonos en las costumbres griegas del momento. Pero al mismo tiempo, resulta altanera y cruel su decisión de abstenerse de luchar ya que eso generó muchas muertes de su propio ejército. A veces, resulta egoísta su postura si recordamos que solamente se dignará a volver a combate con la muerte de su amigo Patroclo. Uno no puede evitar preguntarse por qué no le importaron las otras muertes.

Aquiles le reprocha a Agamenón ser codicioso, egoísta, quedarse con botines más grandes y sin merecerlo pues él no pelea como un guerrero. Agamenón, por su parte, dice a Aquiles que es un cobarde. ¡En realidad el conflicto pareciera venir de más lejos! Hay muchos reproches entre ambos griegos, mucha rabia contenida.

En primer lugar, Agamenón toma una postura muy violenta y muy poco empática. No tiene en cuenta para nada el dolor del sacerdote Crises, padre de su esclava, que le pide de buenas maneras que le devuelva a su hija. En la  Antigua Grecia, había valores que eran muy respetados y uno de ellos era la valía de la súplica. En general, creo que las palabras dichas por los griegos antiguamente siempre tenían mucha más importancia y sonoridad que hoy día. Por ejemplo, cuando se hacía una amenaza, esa amenaza era realmente llevada a cabo; cuando se maldecía, se pretendía que esas palabras tuvieran un efecto real en el otro. Hoy los discursos ya no son tomados tan en serio. Por eso, la actitud violenta y evasiva de Agamenón frente a las súplicas de Crises, debieron haber  resultado muy irrespetuosas para los griegos de la época.

Los griegos hablaban de hybris para referise a un exceso de pasiones, la imposibilidad de ser mesurado o un “dejarse llevar” por la emoción del momento. La postura de Néstor, anciano que intenta mediar en la disputa, refleja el equilibrio, la búsqueda del punto medio y la templanza. Pues bien, Agamenón cayó lleno de orgullo y de soberbia le responde a Crises con esta dureza en sus palabras:

“Viejo, que no te encuentre yo junto a las cóncavas naves, bien porque ahora te demores o porque vuelvas más tarde (…). No la pienso soltar; antes le va a sobrevenir la vejez en mi casa, en Argos, lejos de la patria, aplicándose al telar y compartiendo mi lecho.”

(Agamenón en Canto I – Ilíada – Homero)

 

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