Muertes y personajes extraños del inframundo en la Odisea.

 Ulises debe descender al Hades para continuar su viaje a Ítaca. Pero en su camino se va a encontrar con diferentes personajes… En esta entrada traigo una recopilación de los personajes que más llamaron mi atención en la lectura de este divertido canto.

Algunos personajes que Ulises encuentra en el Hades

Como ya comentamos en otra entrada, el Canto XI de la Odisea es uno de los más hermosos y de toda la obra homérica. En su búsqueda de la Ítaca querida, Ulises debe descender al Hades y buscar al adivino Tiresias. Pero en su camino se va a encontrar con diferentes personajes con los que entabla conversación. En esta entrada te traigo una recopilación de los personajes que más llamaron mi atención en la lectura de este divertido canto.

La petición de Elpénor.
Circe, diosa y hechicera

El elemento extraño aquí roza lo tragicómico y versa sobre la causa de la muerte de Elpénor. Éste había muerto en la isla de Circe a causa de un fatal accidente tras una intensa borrachera (al parecer, se cayó del tejado del palacio de una manera bastante torpe).

Ulises y sus hombres no habían tenido tiempo de hacer las ceremonias apropiadas, y su cuerpo había quedado insepulto. Elpénor le implora a Ulises que se sepultura apropiada a su cuerpo y levante una tumba en su honor. Para los griegos, estas ceremonias tenían una gran importancia.

La medicina actual ha convenido en bautizar como Síndrome de Elpénor a un curioso cuadro sintomático.

 

Anticlea, la difunta madre de  Ulises
Representación de Penélope, esposa de Ulises

En el inframundo, Ulises ve a su madre que, sin embargo, no lo reconoce. Ulises no sabía que su madre había muerto, dada su larga partida hacia el campo troyano. Desde luego, verla allí habrá supuesto para él una gran pena. Tres veces quiso Ulises abrazar a su madre, pero al tratarse de un espíritu este intento fue siempre fallido.

En un triste final del encuentro, Ulises le pregunta qué causó el final de su vida, y Anticlea responde estas hermosas palabras:

 

“No acabó mi existencia la gran flechadora en palacio (…), ni cayó sobre mí enfermedad como aquellas que suelen, en fatal consunción, arrancar de los miembros el alma; no, mi Ulises, mi luz, fue mi pena por ti, fue el recuerdo, fue tu misma bondad quien dio fin a mi gozo y mi vida.” (Anticlea, madre de Ulises, Canto XI)

Tiro y el Río

Otro encuentro que roza lo tragicómico es el encuentro con Tiro, una joven hija de reyes que se había casado con un tal Cretes. Hasta aquí, todo normal si no fuera porque a la muchacha se le ocurrió enamorarse nada más y nada menos que de un dios (Enipes) representado en un río.

¿Cómo se enamora una de un río? ¿Cómo se yace junto a este ente divino? Al parecer, una ola gigante, en el afán de poseer a la muchacha… “le soltó el cinturón virginal tras dejarla dormida y, acabado que fue por el dios el quehacer amoroso, apretó con la suya la mano de Tiro“. Pero Tiro en realidad fue engañada por Posidón, quien tomando la forma de Enipes la poseyó (¡así son los dioses griegos!). De esta unión, nacerían dos hijos (Pelias y Neles). Nada se nos dice acerca de la muerte de esta muchacha.

La torva Erifila

Ulises asegura ver en el Hades “a la torva Erifila, que por oro vendió a su marido poniéndole precio“. No nos dice nada más sobre este personaje ni tampoco se narra ningún diálogo entre ellos.

Polinices entrega a Erifila el collar de Harmonía

Sin embargo, como lectora muero de curiosidad: ¿Una mujer que, en una sociedad patriarcal al cuadrado como era la sociedad griega antigua, vende a su marido? Aunque es difícil encontrar información sobre mujeres de la antigüedad clásica, ¡esto tengo que investigarlo!

Al parecer, Erifila fue la esposa de Anfiarao y madre de Alcmeón. Polinices le ofreció el collar de Harmonía a cambio de convencer a su marido para luchar en Tebas, sabiendo que lo estaba enviando a la muerte.  Como es de suponer en las tragedias griegas, la venganza es tomada por Alcmeón que matará a su propia madre.

 

Agamenón y la desconfianza hacia lo femenino

Del encuentro con Agamenón, se producen interesantes conclusiones. Vemos a un Agamenón abatido por la traición de su esposa, quien ha conspirado con Egisto contra él y lo han asesinado. Su desconfianza es tal, que incluso llega a revelar: “no es posible de hoy más confiar en mujeres“. Aunque, supongo yo, que ese ya no es un problema para él, desde las profundidades del inframundo.

La versión de Agamenón coloca a su mujer, Clitemnestra, en desventaja. Como lectora, una se queda con las ganas de conocer los motivos de Clitemnestra para llevar a cabo su cruel plan. 

¿Tendrá algo que ver en el asunto que su esposo haya matado a su propia hija Ifigenia en sacrificio para los dioses? ¡Pequeño detalle! 

 

 

 

Aquiles.  El valor de la vida y el horror de la muerte.

El otro gran héroe de la guerra de Troya es Aquiles, también muerto en combate y a quien Ulises encuentra en el inframundo. Es un encuentro muy emotivo, donde Ulises le transmite mucho ánimo a Aquiles, instándole a estar orgulloso de sí mismo.

La respuesta de Aquiles resulta sórdida y nos revela que, pese a la valentía como valor principal de los héroes griegos, la muerte era vista en la tradición griega más antigua, como algo realmente descorazonador. Habrá que esperar un buen tramo de tiempo para que desde la Filosofía se empezara a concebir la muerte con un carácter más ascético, de liberación del alma. Aquiles preferiría ser un siervo en las condiciones más precarias, a estar ahora mismo en el Hades.

“No pretendas, Ulises preclaro, buscarme consuelos de la muerte, que yo más querría ser siervo en el campo de cualquier labrador sin caudal y de corta despensa que reinar sobre todos los muertos que allá fenecieron”. (Aquiles, Canto XI)

La locura de Ayax

Ayax Telamonio, el gran guerrero griego que luchó junto a Ulises rehúsa entablar conversación alguna con él. Al parecer, seguía encolerizado con el héroe, por haberle ganado unos juegos celebrados en los funerales de Aquiles y en donde se disputaban nada más y nada menos que las armas de Aquiles. No se nos revela nada más en este Canto, pero los lectores de la tragedia Ayax, de Sófocles, conocemos la historia que terminó de manera trágica.

Tras la victoria de Ulises en los juegos funerarios, Ayax se indignó. Tanta indignación tenía que fue sumido en un ataque de locura y se dirigió a asesinar a los líderes aqueos (Agamenón y Ulises).

Y efectivamente los asesinó. El único inconveniente es que, cuando se le pasó la locura, se dio cuenta de que no había asesinado a los líderes aqueos sino a un rebaño de ovejas. Esto le dio mucha vergüenza. En la historia de Ayax hay locura, hay indignación a un grado máximo, hay vergüenza… todo a un nivel máximo, un nivel tan alto que provoca la decisión en Ayax de acabar con su vida.

 

 

Tántalo

Otro personaje cuya descripción por Ulises en el Hades nos produce un gran asombro. No se encuentra en cualquier lugar del Hades, sino en lo más profundo del inframundo: el Tártaro. Como sabemos, el Tártaro es el equivalente al infierno de los cristianos. No es que los demás habitantes del Hades estuvieran habitados por una inmensa alegría, pero la sensación que nos da la descripción de Tántalo es de una profunda desesperación. Tántalo intenta beber el agua de un lago, muerto de sed, pero el agua se le escapa; intenta comer las frutas sabrosas de los árboles, pero el viento le impide tomarlas. Nada más se nos cuenta sobre Tántalo. 

Los “pecados” de  Tántalo fueron muchos. Además de traicionar a los dioses, robándoles el néctar y la ambrosía, quiso agasajarlos en un banquete y ante la escasez de comida ofreció a su propio hijo. Lo descuartizó y lo coció, sirviéndolo a sus invitados. Los dioses, que se habían enterado del hecho, no tocaron los platos. La única que no se dio cuenta fue Deméter y se comió nada menos que el hombro izquierdo del pobre Pélope.

El último personaje a destacar, es Sísifo.

Sísifo fue condenado a la tortuosa tarea de mover una gran piedra empujándola hasta arriba de un gran monte para finalmente dejarla caer y empezar de nuevo el proceso cíclicamente, por toda la eternidad. Un horrible castigo que, sin embargo, encontró cierto consuelo en las palabras del escritor Albert Camus porque incluso una vida tan terrible como ésta puede hallar cierta libertad, muy breve, en el momento de transición desde que la piedra está en la cima hasta que Sísifo debe continuar con la labor una y otra vez.

 

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2 thoughts on “Muertes y personajes extraños del inframundo en la Odisea.

  1. ¡Estupenda visión del Canto XI! En mi blog hago una desarrollo más exhaustivo sobre algunos personajes citados: Aquiles, Sísifo, Tántalo, Elpenor, Anticlea, todos ellos bajo el conocepto del alma y la vida en el inframundo. Sobre Eirifila, ¡es verdad! es muy curioso este relato, pues el papel de la mujer en la antigua Grecia pasa a ser secundario. Así lo corroboran Eurípides y Sófocles en sus respectivas tragedias.En definitiva, Homero ofreció, aprovechando la visita de Ulises al mundo de ultratumba, una imagen muy exacta, que, con el paso del tiempo, condicionará posteriormente la que realizará Virgilio en el libro VI de la Eneida, que, a su vez, adaptada a las doctrinas cristianas, será recreada por Dante en la Divina Comedia. Básicamente, Homero detalla un lugar lúgubre y aciago en el que las almas, desprovistas de toda consistencia física, estaban confinadas y del que, si les fuera permitido, se evadirían. ¡Saludos!

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