Literatura para neuróticos: Bestiario, de Julio Cortázar.

Cortázar

Es eso que ocurre en los sueños, donde todo tiene sentido pero nada tiene sentido.

 

Instrucciones para abrir un libro de Cortázar.

La primera vez que me acerqué a Cortázar fue con Casa tomada (leer onliney tenía yo unos 11 o 12 años. La maestra había traído a clase este cuento que cabía en unas pocas páginas fotocopiadas y engrapadas. Me enamoré desde la primera línea (fue amor a primera vista) hasta la última: Su estructura, el uso de las palabras perfectamente combinadas, la historia, el ambiente y ese final…

Después de haberme privado de recorrer su obra durante unos cuantos años, decidí empezar en serio con Julio Cortázar. Y digo en serio porque se puede leer sin pensar, igual que “se puede vivir sin pensar” y eso es justamente lo que pretendo evitar.

Centrándome en Bestiario (libro de cuentos del año 1951 que contiene, entre otros, Casa tomada), me propuse ir más allá de la primera lectura que se caracteriza por ese incipiente enamoramiento que es muy válido y muy hermoso, pero que quizás es posible superar para alcanzar un significado más trascendental.

“El cráneo comprime el cerebro como un casco de acero – bien dicho. Algo viviente camina en círculo dentro de la cabeza. (Entonces la casa es nuestra cabeza, la sentimos rondada, cada ventana es una oreja contra el aullar de las mancuspias ahí afuera) Cabeza y pecho comprimidos por una armadura de hierro” (Cefalea – Julio Cortázar) 

En realidad el subtítulo es voluntariamente engañoso. No se trata de generar instrucciones para abrir un libro de Cortázar, sino un libro concreto: Bestiario. Y no, definitivamente no es lo mismo abrir Rayuela que abrir Bestiario, por mucho que se empeñe la gente. El posicionamiento tiene que ser diferente y la actitud, también.

Bestiario es, ante todo, un conjunto de historias cuyo denominador común es la presentación de las bestias humanas: nuestro mundo interno. Sin intención de hacer ningún resumen del libro (porque los odio profundamente), sí me parece interesante esta idea para entender que no estamos ante una compilación inconexa de textos; que en realidad este libro es un hilo conductor, un camino hacia un destino concreto: la comprensión de que nuestro universo pulsional, nuestro inconsciente, miedos -y en fin, nuestras neurosis- están ahí y pueden llevarnos a huir, a destruir, a enloquecer, a excluirnos…

Me propongo puntualizar una serie de aspectos a tener en cuenta a la hora de leer un cuento de Bestiario. No voy aquí a hacer ningún análisis de ningún texto (ya los hay, y muy buenos), pero sí me permitiré esbozar algunos de los que creo que son los ejes de análisis sobre los que giran las historias de Bestiario. No tengo una gran esperanza en que estos ejes sean reveladores, ni originales, ni siquiera útiles para todo el mundo. Pero, al menos en lo que respecta a mi experiencia lectora, me han servido para ir más allá con Cortázar.

 

El eje de lo real VS. lo fantástico 

Junto a lo real, coexiste el plano de lo fantástico, que es presentado mediante un elemento extraño (los ruidos, en Casa tomada; las mancuspias, en Cefalea; las miradas en Ómnibus; los conejitos, en Carta…). Lo fantástico deriva en una situación totalmente inverosímil pero que plantea un debate interno al lector a la hora de encajar lo extraño dentro de una cierta lógica.

Estos diferentes planos revelan la existencia de un orden establecido (los roles, las costumbres, la norma, la Ley) y la transgresión de ese orden. En Ómnibus esto es evidente cuando los personajes principales violan -casi sin quererlo- el orden establecido y son marginados por ello. También se suele mostrar en los cuentos, cómo se genera el castigo o consecuencia de esa violación o transgresión: En Cefalea, ese castigo viene dado por la locura; en Ómnibus, como dijimos, por la exclusión social.

El eje de lo metafórico VS. lo literal. 

La lectura literal de los cuentos de Cortázar nos puede enamorar, como me sucedió con Casa tomada. Pero quedarnos ahí, en la mera literalidad, nos impide salir de la desesperación que supone toda historia cortazariana. Los personajes plantean situaciones inverosímiles con un alto grado de normalización. Los hermanos de Casa tomada no se plantean entender los ruidos que vienen del otro lado de su casa, simplemente los asumen como tales. El narrador de Carta… no se plantea entender por qué vomita conejitos, simplemente lo asume como problema y como angustia existencial.

¡Esto desespera a cualquier lector! Es una manera de entender lo fantástico desde la lógica de los sueños, de lo inconsciente, lo oscuro. Justamente es lo que mayor tensión crea en el lector, es esa naturalidad en los códigos de conducta de los personajes. Naturalidad, por otra parte, que se da en la vida real. Creo que en esto consiste gran parte de la genialidad de Cortázar: Sabe presentarnos un elemento perturbador que no es percibido al como tal por los personajes. No es que el elemento extraño (los conejitos, los ruidos…) se explique con una lógica absurda, es que ni siquiera intenta ser explicado. 

¿Y qué tiene que ver esto con un supuesto eje metafórico de análisis? Todo, porque si nada tiene sentido habrá que buscárselo. Así, las mancuspias de Cefalea dan dolores de cabeza porque representan los miedos, las obsesiones, las fobias, las fuentes de sufrimiento y de locura que nos hacen perder el control. Por eso no llegamos a entender muy bien si el ruido en Cefalea es provocado por las mancuspias o por la propia psique del narrador.

El eje de lo espacial 

Otro elemento importante es el uso del espacio, que resulta ejemplar en Casa tomada con una descripción genial de la distribución de las habitaciones. En Ómnibus, un autobús hace ruidos como humanos o animales.

En Cefalea, el espacio de la casa va unido a los ruidos que hacen los animales, que crea un ambiente propicio para el dolor de cabeza. Además, dentro del análisis del uso del espacio, Cortázar centra la historia en una finca aislada en el medio del campo pampeano. Es un ambiente muy propicio para evidenciar lo rutinario, la falta de novedad. 

La rutina es un elemento muy presente en muchos cuentos y es eso que hace tan fácil “no pensar”; pero al final se termina rompiendo o resquebrajando de alguna manera.

El eje político – social 

Muchas interpretaciones de los cuentos de Cortázar giran en torno al contexto político y social de la Argentina peronista, con fuertes diferenciaciones de clases sociales (que se observa mucho en Ómnibus) y que se ilustra en prácticas, usos del tiempo libre, actividades de los personajes.

Interpretaciones múltiples son válidas. Ya el mismo Cortázar admitía una pluralidad de significaciones respecto a sus obras, la posibilidad de múltiples lecturas. Así, Casa tomada fue vista como el temor inconsciente del autor ante el avance del peronismo en el país. Si bien no fue esto lo que impulsó, a priori, a Cortázar a escribir este cuento (fue más bien un sueño que tuvo) el autor no negó la posibilidad de que ese deseo se manifestara en su cuento de manera inconsciente.

El eje del mensaje implícito

Sin ánimos de adjudicar moralejas a los cuentos de Cortázar, sí creo que en cada cuento hay un mensaje implícito que subyace a la trama principal. Hay un mensaje más o menos coherente en todo el libro y que se desprende del propio título del libro: las bestias que construye nuestra propia psique están ahí, no podemos negarlas. 

En cuanto a los mensajes que se pueden entrever en cada texto, encontramos que cada uno revela a su manera diferentes formas de padecer. En Casa tomada, encontramos que no importa cuánto intenten los personajes negar o ignorar su propia bestia interna (no importa cuánto intenten “vivir sin pensar”), al final la casa será tomada y ya no nos podrá proporcionar la seguridad que aparentemente nos daba.

En definitiva, lo que Cortázar revela en Bestiario como conjunto, puede evidenciarse en su tajante convicción de que lo fantástico coexiste con lo real. La vida no es absolutamente racional, sino que lo fantástico opera en nuestra cotidianidad y se revela en lo más profundo de nuestro yo.

Todos tenemos una casa tomada, o carecemos de las flores necesarias para ir al cementerio, o vomitamos conejos que progresivamente nos van molestando más y más hasta que es imposible continuar negando lo que nos pasa. 

 

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