“El normal caos del amor” de los Beck: Un análisis sobre al amor en tiempos modernos.

Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim analizan la problemática de las relaciones de pareja en la sociedad actual.

Surgimiento del amor romántico

Quino, pareja, amorEl capitalismo promueve relaciones basadas en los propios intereses individuales y los beneficios económicos mutuos. Por tanto no es de extrañar que las relaciones típicas de nuestros tiempos se basen en operaciones de cálculo de resultados finales y balances. Pero ¿no se supone que el amor debiera de ser desinteresado?

El amor romántico comenzó a generalizarse hacia el siglo XVIII en Estados Unidos más que en cualquier otro país en proceso de industrialización. La tendencia de basar las decisiones maritales en criterios emocionales más que en intenciones sociales se acelera hacia fines del siglo XIX.

La primera característica del amor romántico en el siglo XX es la secularizaciónEl amor reemplaza el sentimiento religioso y a la religión como punto central de la vida cotidiana. El amante reemplaza a Dios como símbolo central de significación máxima. La sociedad victoriana, centrada en la moralidad, va siendo desplazada en el siglo XX por la representación del amor no sólo como valor en sí mismo sino como elemento importante en la búsqueda de la felicidad en términos de individualidad y esfera privada. Lo que es nuevo no son los sentimientos en sí mismos, sino la creciente visibilidad de la conducta romántica en los espacios públicos mediante los medios de comunicación.

Hoy, en la fase de capitalismo tardío en que nos movemos, se puede hablar de tecnocapitalismo para mencionar la importancia que han adquirido los sistemas de información a gran escala, diseminados mediante las tecnologías de reproducción; la esfera privada del ocio estructurada por el consumo y los medios masivos; y la industria cultural, compuesta por la publicidad, los medios masivos, la educación, la industria editorial, etc.

En este contexto, el amor romántico se ha convertido en un campo cultural en sí mismo, económicamente autónomo: Ahí tenemos el auge de las novelas de bolsillo, telenovelas, libros de autoayuda, secciones de consejos en las revistas femeninas, objetos como peluches o cosas con forma de corazón y los regalos para el día de los enamorados.

“Lo que define a la cultura posmoderna es el crecimiento excepcional de la esfera cultural frente a la esfera económica (…).  Mediante la triple articulación del consumo, el ocio y los medios masivos, la zona de control del capitalismo se ha trasladado de la esfera de la producción a la esfera de la cultura” (Illouz, Eva – La utopía romántica).

El desafío postmoderno: La significación desde lo subjetivo

En la sociedad moderna no hay nada claro, no hay ideas compartidas sobre el significado del amor. Los significados hay que construirlos individualmente. La ganancia de libertades dio lugar también a la gran contradicción de la posmodernidad: las relaciones se tornan difíciles porque se vuelcan en ellas todas las esperanzas de autorrealización.

Los Beck se preguntan: ¿Qué es lo que conduce a una persona a cuestionar tanto su relación amorosa? ¿Por qué adoptar una actitud al parecer totalmente individual, egoísta? ¿Acaso nos gusta sufrir? ¿Acaso nos hemos vuelto masivamente todos locos? Es una posibilidad… o quizás se trate más bien de que las personas ya no quieren ser dirigidas por instituciones que limiten su autonomía.

Personas divorciadas, personas que se vuelven a casar o personas que se juntan a convivir sin ningún tipo de vínculo legal, personas que viven paternidades diferentes, personas que deciden vivir solas. Todas estas personas forman parte de una sociedad con una nueva forma de relacionarse basada en el permanente cuestionamiento de su propia biografía. Esto es lo que se ha llamado proceso de individualización, que se puede definir como aquel que intenta desligarse de los controles ajenos (vengan de la Iglesia, de los gobiernos o de cualquier otra institución) y generar una “biografía elegida”. Es decir que el hombre y la mujer modernos buscan dar ellos mismos significado a lo que es una pareja, la paternidad, la familia, la sexualidad, todo lo cual debe ser negociado y basado en el consentimiento con un otro.

La paradoja postmoderna: libertad obligatoria.

La contrapartida de todo esto es la enorme responsabilidad que recae sobre cada uno de nosotros el tomar cualquier tipo de decisión, así como la gran ansiedad y soledad que genera. Hay que construirse a uno mismo y esto se vuelve paradoja: la paradoja de que la libertad es obligatoria. Y esto de “Construirse a uno mismo” toma más sentido en el mercado laboral (porque dependemos de él), que suele ponerse en posición preferente incluso en detrimento de las relaciones familiares.

Después de todo, lo que se espera del trabajador y la trabajadora modernos es que sean móviles, que se adapten a lo que se demande en cada momento y para eso sus vínculos tienen que ser “livianos” o “líquidos” (utilizando la terminología de Z. Bauman). De esta manera, la individualización actual exige al ser humano (que, por otra parte, hay que decirlo, internaliza muy bien esa exigencia) la libertad de elección, la obligación y la realización.

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