“El 45” de Félix Luna: Un libro, un año.

La diferencia entre literatura e historia es la veracidad de los hechos. Hoy hablaremos de un libro que nos traslada al pasado, al año 1945. Estamos hablando de Félix Luna, un historiador que engancha.

La historia la leen los que ganan

 

Nunca fui una alumna excelente de Historia. Me resultaba tedioso estudiar fechas y batallas, hechos inconexos que me parecían incomprensibles. Pero, por algún extraño motivo, el método “a lo papagayo” del sistema escolar, no pudo aplacar en mí el entusiasmo por el pasadoQuizás porque soy algo romántica, quizás porque encuentro cierto placer nostálgico en el recuerdo… lo cierto es que en mi edad adulta pude acercarme a la historia desde otro lado.

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Llegar a ese “otro lado” desde el que mirar la historia es un triunfo personal, al que contribuyó algún profesor aislado pero que sobre todo significó ganarle a un sistema que por lo general, destruye toda iniciativa, toda curiosidad inicial infantil.

Por eso, la historia la leen los que ganan, en esa batalla a la que millones de alumnos se enfrentan cada día —con mayor o menor conciencia— a métodos impuestos y rígidos. Esos métodos son los responsables de que pululen frases como “La historia no sirve para nada”, “Estudiar historia es aburrido”, “No me gusta aprender fechas, no tengo buena memoria”, “Es demasiado complicada...”. Lamentablemente, esas frases develan, en quienes las emiten, el triunfo de un método que anuló todo pensamiento crítico.

«Los pueblos pueden perecer por muchas causas. Pero acaso la más trágica de todas es la división que en algún momento incomunica totalmente a la comunidad. Y la división puede nacer tanto de los enfrentamientos presentes como del recuerdo que se tiene de los enfrentamientos pasados.» (Félix Luna, El 45)

Esta primera frase de Félix Luna me encanta, porque creo que da en el clavo al relacionar la división del pueblo y la incomunicación entre sus maneras de pensar, de sentir, de vivir, de actuar. ¿Qué son las clases sociales, sino eso? ¿Qué es la cohesión social sino la posibilidad de comunicarnos, salvando las diferencias, para poder identificarnos como un mismo pueblo? Y esa incomunicación no aparece de manera sorpresiva. Tiene un origen. Por eso es importante estudiar historia: para aprender cuáles son los factores que contribuyen a nuestra incomunicación, a nuestra desunión, a nuestra falta de identidad colectiva.

Mi contacto con Félix Luna

Siempre vi en Félix Luna a un escritor de derechas (¡Oh no! ¡Otro carca aburrido contando la misma historieta de siempre!). Lo etiqueté así, sin haberlo leído, por comentarios de terceros. Por suerte, tuve ocasión de ojear un libro suyo que apareció en la biblioteca de mi casa: “Buenos Aires y el país“. El resultado fue una grata sorpresa porque, a pesar de no estar de acuerdo con todo lo que leía, el estilo de Luna y la manera de transmitir sus ideas me pareció, cuanto menos, estimulante.

Mi acercamiento siguiente fue derribando mis prejuicios sobre el autor. Félix Luna me parece, hoy, uno de los historiadores de estilo más bello, al tiempo que escapa de proselitismos, idealizaciones y demonizaciones con las que me pueda sentir incómoda. En mi opinión, Félix Luna logra trascender su propia ideología, si bien peca de una pretendida neutralidad que no tiene (entre otras cosas porque nadie puede ser, en su totalidad, neutral) ni tampoco es del todo deseable. Mi primera idea sobre él, totalmente ingenua, fue derribada con sólo leerlo un poquito.

De la mano de autores como Luna se puede llegar a conectar muchos hechos, a entender el contexto internacional en que se enmarcan acontecimientos nacionales y a aceptar —¿por qué no?— los hechos históricos con sus luces y sombras, escapando del dogmatismo, del fanatismo, del pensamiento acrítico.

Por qué leer “El 45”, cómo leerlo y cómo NO leerlo.

Como su título lo anticipa, el libro profundiza sobre los hechos sociales, políticos, económicos y mundiales que marcaron el año 1945 en nuestro país. ¿Por qué ese año y no otro? Porque ese fue uno de los más importantes, al haber sido el año que sentó las bases para la formación del peronismo como fuerza política en nuestro país, al tiempo que se pasó de un modelo de país a otro en materia productiva y social, mientras de fondo sonaban los últimos estruendos de la Segunda Guerra Mundial.

Este libro trata al lector con extremada paciencia… ¡A veces pareciera que se está frente a una novela! Luna analiza a los personajes con gran profundidad psicológica (a veces son personas, otras veces clases sociales o grupos); no se adelanta a los hechos, sino que los explica con sus antecedentes y factores que los posibilitaron; nos ayuda a comprender esos hechos dentro de acontecimientos más amplios.

Todo lo anterior, Félix Luna logra hacerlo sin perder rigor en su estilo, sin perder nivel de profundidad ni de análisis.

Por todo ello, no es un libro excesivamente difícil de seguir. Es dinámico y atrapante. Pero, con todo, tampoco es un libro para principiantes. Como el mismo autor afirma, El 45 “se escribe para un lector al que se supone informado de manera relativa sobre los hechos, personajes y fuerzas actuantes en la época…“.

Utiliza una gran cantidad de fuentes documentales (testimonios, prensa, libros,  archivos…) y nunca pierde de vista el espíritu de la época, los valores y la forma de pensar de los actores sociales de aquellos tiempos. Esta me parece su mayor contribución porque es el aspecto que más utiliza para lograr que —desde nuestra realidad, tan alejada a la del 45— podamos comprender al ciudadano argentino de aquellos tiempos.

Como lectora, es un auténtico placer leer a Luna y escribir esta reseña para recomendar ampliamente su lectura. Las páginas se pasan rápido, con todo el interés que se le da a un cuento de Cortázar o a una novela de Sábato.

 

Datos curiosos sobre el libro

  • La investigación documental que realizó Luna en las cancillerías de España, Francia e Italia fracasaron. Aquellos organismos consideraron que se trataba de hechos demasiado recientes.
  • No hay datos que no estén contrastados con fuentes de algún tipo. Aquellos datos que son conjeturas del autor, se señalan como tales.
  • La finalidad de Félix Luna es brindar una visión general, organizada, para estimular al lector a seguir profundizando y estimular esa búsqueda; el autor admite que este libro no tiene el objeto de concluir con el estudio del tema, sino que  “todavía debe trabajarse mucho, ampliando, corrigiendo o invalidando mi propio aporte” y concluye aseverando: “Quede esta tarea para otros“.
  • La publicación de “El 45” posibilitó la aparición de numerosos trabajos vinculados a este tema o aspectos parciales de él.

 

Resumen: Prólogo hacia el año decisivo

La introducción al 45

En la primera parte de la obra, Félix Luna esquematiza algunos elementos previos al año 1945 que nos van a permitir entender mejor el resto del libro. Todo ello lo reúne en su inicial Prólogo hacia el año decisivo, que va a posicionarnos frente a los capítulos siguientes. Y es que para entender este libro hay que saber algunas cosas básicas sobre nuestra historia:

  • En Argentina existió una larga década de gobiernos fraudulentos, una oligarquía aliada a los intereses ingleses enmascarada de una falsa democracia. Fue la llamada Década Infame que acabó con el gobierno democrático del partido radical representado en la figura de Yrigoyen.
  • La Década Infame tuvo su fin con un golpe militar, representado por el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), en el que participó Perón. Fue un grupo del Ejército bastante innovador, que no venía de las clases altas y que tenía características propias: antiimperialismo, nacionalismo, cierta fascinación por las ideas fascistas y la intención de llevar al país a elecciones democráticas acabando con el fraude.
  • El gobierno del GOU irrumpe con la Revolución del 43. Los militares que la llevaron a cabo tenían la intención de elevar el nivel de vida de los obreros, generando un bienestar social general, y así lograr evitar la amenaza comunista, socialista y anarquista.

Cuando el gobierno del GOU llegó al poder, pretendieron mantener la neutralidad ante la Segunda Guerra Mundial. Y así lo hicieron. Hasta que la situación fue insostenible. La neutralidad era bien vista por el ciudadano medio, que se enorgullecía de mantener la soberanía frente a las presiones norteamericanas.

Sin embargo, hacia el final de la guerra, las presiones se hicieron mayores y devinieron en distintas consecuencias económicas a modo de bloqueo que hicieron que el gobierno de facto terminara cediendo y declarando la guerra al Eje.

La ideología pronazi y profascista del régimen del GOU

«Los militares que formaban el GOU, (…) eran pronazis; pero no nazis. La distinción puede parecer sutil pero tiene su importancia.»

La admiración a las ideologías fascistas era una especie de simpatía hacia una forma de pensamiento que evocaba cierto orden, cierta disciplina unida a un movimiento de masas. Esto generaba una gran admiración entre los militares del GOU hacia ese movimiento. Hay que entender que, por cuestiones ideológicas, era imposible que los oficiales se acercaran a posturas socialistas o comunistas. La otra opción, también descartada, era el liberalismo pro-yanqui. Lo único que restaba, era adherir a los totalitarismos europeos. Los argentinos de la época soñaban con la posible derrota de los Aliados en la guerra, lo que implicaba: la humillación de los Estados Unidos y la consiguiente mayor libertad para la Argentina (recordemos la política del Gran Garrote),  la caída de los ingleses y la posibilidad de recuperar a las Malvinas.

«Las bestialidades hitlerianas, los campos de concentración, las masacres de judíos, toda la vesania increíble de esos años se conocieron cabalmente recién después de 1945. Hacia 1943 la guerra parecía, para aquellos militares argentinos que usaban gorras altas al estilo germánico, una fascinante confrontación de fuerzas, una de cuyas alternativas podía ser beneficiosa para el país. Además, ¡eran tan fastidiosas esas señoras de la Junta de la Victoria y tan insufribles esos figurones de Acción Democrática…! Sólo por no estar en su misma trinchera daban ganas de ser pronazi…»

Pero pronto, en 1944, el aislamiento del país se hizo insostenible y hubo que romper relaciones con el Eje (cuando el resultado de la contienda era ya sabido). La medida no fue bien acogida por los ciudadanos y se empezaban a demandar elecciones. Todo esto favorecía a Perón, porque lo iba acercando al poder.

Logros y fracasos del GOU

A continuación, Félix Luna detalla algunos logros del gobierno de facto del GOU: 

  • Hubo un aumento de la producción industrial. Se abandonó el viejo modelo agroexportador (la Argentina como granero del mundo) y se inició una incipiente industria, entrando en la modernidad.  Dice Luna que nuestro país no tuvo una industrialización tan “odiosa” en materia social como sucedió en otras sociedades (aunque el autor no explica el origen de las villas miseria, la pobreza creada alrededor de las fábricas, tras el éxodo de los trabajadores del agro, obligados a buscarse la vida en la gran ciudad).
  • La industrialización no fue buscada por el gobierno, sino que vino dada por las condiciones comerciales globales (por la guerra, no se podía importar productos manufacturados, de modo que hubo que producirlos). Pero el gobierno tampoco impidió el desarrollo industrial, y esto posibilitó romper viejos tabúes: los argentinos no solo sabían producir carne y cereales, sino también manufacturas de toda clase.
  • Se produjeron numerosas medidas de orden social, bajo la conducción de Perón en la Secretaría de Trabajo. Dice Luna que esta política “pudo estar nutrida de demagogia” pero sus resultados fueron concretos y de una innegable mejoría respecto a la situación anterior. Estas medidas evitaron una huelga general.
  • Se detuvo la dependencia económica respecto a los ingleses. Ahora eran los ingleses quienes eran deudores de la Argentina.

Pese a todo, las fallas del gobierno de facto fueron producto de su inexperiencia para gobernar, que según Luna, los llevó hasta posturas ridículas como las siguientes: 

  • Tenían la intención de «purificar» las letras de los tangos, convirtiendo «El ciruja» en «El recolector» o «Qué vachaché» en «Qué hemos de hacerle»…
  • Tomaron medidas prejuiciosas como el cese de maestros divorciados. Hubo, en algunas zonas, posturas antisemitas.
  • Hubo campañas de moralidad, se promovió un nacionalismo exacerbado, un criollismo vacío de contenido.

Félix Luna escapa de posicionamientos exagerados. Dice que no es cierto que este gobierno de facto instalara un “reinado del terror”, ya que no tuvo el tiempo ni los elementos para lograrlo. Lo que sí creó, por sus formas y métodos, fue una sensación de régimen policial. La libertad de expresión fue gravemente vulnerada bajo este régimen.

La gente no cree en la política.

La oposición fue ganando adeptos. Además de los oligarcas de siempre, aliados del sistema de fraude anterior y negados a verse perjudicados en sus intereses económicos aliadófilos, se sumó a la oposición todo un conjunto heterogéneo: Los radicales (debido a su posición a favor de los aliados), los socialistas y demócratas progresistas, los comunistas… todos los partidos políticos, ya sea por una cosa u otra, estaban en contra del régimen militar.

Esto no preocupaba en absoluto al gobierno de facto, porque los partidos políticos en esta época no representaban al pueblo. Los ciudadanos no confiaban en ningún partido, había una gran deslegitimación de la política, un gran descreimiento en sus representantes. Su desprestigio emanaba de muy atrás, a raíz de tantas violaciones a la voluntad popular y de tantos gobiernos fraudulentos que no se preocupaban por los ciudadanos sino por sus propios bolsillos.

Los ciudadanos ni siquiera se sentían identificados (todavía) por ese gran líder que iba apareciendo en el panorama político, el General Perón, quien había logrado tantas concesiones para los trabajadores desde su puesto como Secretario de Trabajo y Previsión Social.

La figura de Perón en este panorama.

Félix Luna dice que Perón era “la personalidad más fuerte del gobierno de facto y dentro de su opaco elenco se destacaba netamente“. Juan Domingo Perón había conocido de primera mano los gobiernos fascistas en Europa al inicio de la guerra. Era una figura de gran estima y respeto dentro del Ejército.

Era diferente a sus compañeros: Se lo veía como una especie de intelectual.  Perón tenía un gran hambre de poder desde el principio de su carrera. Sus discursos no decían nada nuevo, pero resultaba insólita su agresividad y claridad. En definitiva: era un personaje que llamaba poderosamente la atención popular. 

«Cuando un hombre se postula como líder, el pueblo suele tardar en aceptarlo. Pero eso sí: cuando lo acepta, es para siempre.»

Dice Félix Luna que los primeros en darse cuenta del poder amenazante de Perón fueron los oligarcas, que en seguida intentaron ridiculizar al gobierno. Las reformas que impulsó Perón desde su puesto de Secretario y Ministro de Guerra no perjudicaban tanto a la clase alta, pero la molestaban, la amenazaban. El Estatuto del Peón (un logro histórico ya que no había previa regulación sobre los peones agrícolas y éstos vivían en condiciones terribles, bajo arbitrio de un patrón con plena libertad sobre él) fue un claro ejemplo de esto. Dicho Estatuto establecía reformas muy razonables, que no eran difíciles de cumplir.  Aún así, este estatuto “atacaba las bases del tradicional trabajo rural” y terminaba con el paternalismo del patrón. Lo que muchos oligarcas no podían acetar no era ya el aumento salarial de los peones, sino el cambio en la mentalidad del peón: “que sobre la voluntad del patrón, antes omnímoda, ahora existía una voluntad superior que lo estaba protegiendo

«Y a veces se reacciona con más rabia frente a lo que revienta que frente a lo que perjudica»

Para atacar a Perón, la oligarquía atacaba los puntos débiles del gobierno de facto: la censura, la actitud policíaca, la detención y torturas a ciudadanos, las intervenciones sobre las universidades… Claro que todas estas prácticas no las había iniciado el gobierno del GOU sino que tenían su origen mucho antes, durante la década infame, iniciada por otro golpe militar que favorecía a los mismos que ahora protestaban. Claro que el ataque a Perón no tenía el objetivo de garantizar la democracia ni los derechos individuales, sino obstaculizar el cambio en un país que ya no tenía retorno. Porque —dice Luna— dicho cambio social no era de exclusiva atribución al peronismo, sino que venía pautado por las condiciones de un contexto más amplio.

Definiendo a la Oligarquía.

No parece que el término “Oligarquía” le agrade mucho a Félix Luna. Sin embargo, explica el autor, no hay otro que sea más claro que éste. La oligarquía era un grupo de personas de orígenes diversos, no necesariamente patricios. Pero la característica común era la existencia de vínculos familiares, económicos e identitarios entre sí (modos de vivir, de hablar, de comportarse, aficiones y gustos). Generalmente se trataba de personas que no tenían un linaje específico, pero que habían sabido acumular grandes tierras en “las grandes repartijas de Rivadavia, Rosas y  Roca lo que les permitió crear lazos con las grandes empresas inglesas monopólicas.

Las características de la oligarquía, citadas por Félix Luna son las siguientes:

  • Ausencia de una línea ideológica definida: Más bien se mueven por su  gran sentido de la oportunidad.
  • Su pragmatismo les permitió ser crudamente liberales cuando ello convenía a sus bolsillos, para luego mostrarse los más extremos interventores estatales creando toda suerte de instituciones para apoyar sus intereses.
  • Espiritualmente empobrecida hacia los años 40, totalmente deslegitimada por haber tenido que apelar a extremos como el fraude y la violencia durante la Década Infame de los años 30.

Cuando uno estudia la evolución de la oligarquía en la Argentina, se pregunta: ¿Cómo es posible que este sector conservador se asociara en alianzas tan variopintas como alianzas con los radicales, los socialistas, los comunistas…?  Félix Luna explica que la Oligarquía “había sabido usar a los hombres inteligentes, vinieren de donde vinieren“. Pero ahora, en los años 40, la oligarquía empezaba a perfilar su verdadero enemigo: aquellos nuevos apellidos que se favorecían del proteccionismo de la guerra, que empezaban a crear industrias y que no se diferenciaban mucho del apellido del obrero.

Unida a esta masa opositora, se encontraban algunos sectores del Ejército y la Marina. Esta última, siempre asociada a las clases altas, a las tradiciones navales británicas y a las formas aristocráticas.

¿Cómo iban a estar de acuerdo, entonces, estas fuerzas tradicionales, con un coronel “populachero” que hablaba con la gente en un lenguaje chabacano y quedaba exento de las normas más básicas del fair play político del momento? 

 

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3 thoughts on ““El 45” de Félix Luna: Un libro, un año.

  1. Hermoso libro “El 45”. Fue el primero de Félix Luna que leí y me encantó. Después seguí con las biografías de Roca, Sarmiento, Alvear e Yrigoyen. Un señor historiador con todas las letras (y le robé el nombre de la revista para mi blog, aunque un poco retocado jaja). Saludos

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