Reseña de Cronopios y famas: Parte 3 (Tres pinturas famosas)

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En esta entrada analizamos este breve texto de Cortázar en sus Historias de cronopios y famas. Una manera diferente a la hora interpretar tres cuadros famosos.

El amor sagrado y el amor profano, de Tiziano.

Tiziano, Amor sacro y amor profano

Esta pintura fue realizada en el año 1515 y en ella se muestran tres figuras (dos mujeres y un niño) que se encuentran alrededor de una fuente muy bonita, en un paisaje hermoso, soleado y en medio de un valle verde. La estética del cuadro es muy renacentista y las dos mujeres guardan un gran parecido físico, pero una de ellas está vestida y otra está desnuda. El niño es probablemente Cupido, ya que está representado con alas. Las mujeres quizá sean la misma persona.

El cuadro es muy probable que haya servido como regalo de bodas y todo indica que es una alegoría sobre la belleza terrenal, corpórea y la belleza celestial, ultraterrena. El amor humano es el Venus Vulgaris y el amor divino es el  Venus Caelestis. Es por tanto una obra de carácter moralista, ya que la confrontación entre los dos tipos de amor es un rasgo típico de la época. En el fondo también vemos cómo se refleja esto mediante la imagen de una iglesia hacia un lado y una ciudad fortificada hacia el otro lado.

Cortázar apunta con su gran sentido del humor a ridiculizar la crítica. Es obvio que la pintura de Tiziano no es detestable, ni mucho menos torpe. Creo que Cortázar juega aquí con los elementos contrarios:

  • Si la interpretación tradicional ve en aquel niño angelical al mismísimo Cupido, Cortázar se refiere a él como la personificación del demonio.
  • La hermosa fuente de agua, es descrita como un gran sarcófago que, situado en el centro de la escena, permite la representación de… ¡un velorio!
  • El Mesías está ausente (“ausente del cuadro que es el mundo”).
  • La figura desnuda es un ángel prostituido, disfrazado de Magdalena.
  • La figura vestida sostiene una “jofaina” que representa el tamaño del recipiente donde caben todas las ambiciones humanas. Lo curioso es que Cortázar duda de esta última interpretación porque dice que esta imagen “está mal pintada” pudiendo ser cualquier otra cosa.

 

La dama del unicornio, de Rafael.

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Este cuadro representa la castidad, mediante la figura del unicornio y la mirada limpia de la muchacha. Pero  Cortázar tilda de obscena la perla del medallón y acusa a la joven de fijar su mirada en un punto “donde había fustigamientos o posturas lascivas”. Nuevamente el humor de Cortázar, se aplica a la descripción de la dama en su “intenso color verde de la cara del personaje”. Y otra vez los contrarios… el unicornio ya no es un símbolo de castidad, sino un animal fálico en cuyo cuerpo “duermen los pecados del mundo”.

Cortázar explica que la pintura ha estado cubierta durante un tiempo por varias capas de pintura (dos capas de pintura verde y una capa de pintura blanca). Los culpables de esto: los enemigos de Rafael a quien cita con nombres y apellidos: Carlos Hog, Vincent Gosjean (llamado “Mármol”) y Rubens el Viejo. Todos ellos personajes ficticios creados por el escritor para dar credibilidad, quizá, a su interpretación fantasmal.

Y la descripción de la mujer del retrato, Maddalena  Strozzi, que va más allá de la obra pictórica, resulta chocante: “Cuántas veces  Maddalena Strozzi cortó una rosa blanca y la sintió gemir entre sus dedos, retorcerse y gemir débilmente como una pequeña mandrágora o uno de esos lagartos que cantan como las liras cuando se les muestra un espejo”. En este cuadro, Cortázar ve el símbolo de una falena letal (no es difícil ver este símbolo, dice, produciéndome un poco de risa). Una falena es un insecto de cuerpo delgado y alas anchas, pareciéndose en aspecto a un árbol. La falena actúa como símbolo de lo prohibido, donde cae Maddalena  Strozzi y por eso es pintada con un unicornio (que “la habría contaminado”) y acaba con un párrafo profundo, generalizador y trascendente:


“Lo que esta mujer sostiene en sus manos es la copa misteriosa de la que hemos bebido sin saber, la sed que hemos calmado por otras bocas, el vino rojo y lechoso de donde salen las estrellas, los gusanos y las estaciones ferroviarias”.

Retrato de  Enrique VIII de Inglaterra, de Holbein.

225px-Hans_Holbein,_the_Younger,_Around_1497-1543_-_Portrait_of_Henry_VIII_of_England_-_Google_Art_ProjectSe dice que el retrato fue el género más popular en la Inglaterra de la época. El rey Enrique se representa aquí por Holbein y ha sido descrito como un retrato monumental y profundidad psicológica, retratando el carácter del personaje para lo cual se utiliza una determinada postura, posición de las manos, etc.

No hay mucho más que ver en un retrato y, sin embargo, Cortázar nos ofrece una última interpretación (que es la que a mí más me gusta). Afirma que en este cuadro, se ha querido ver “una cacería de elefantes, un mapa de Rusia, la constelación de la Lira, el retrato de un papa disfrazado de Enrique VIII, una tormenta en el mar de los Sargazos, o ese pólipo dorado que crece en las latitudes de Java y que bajo la influencia del limón estornuda levemente y sucumbe con un pequeño soplido”. Uno hace el esfuerzo cuando lee algo así, pero no logra responderse cómo es posible ver todo ello en un simple retrato de Enrique VIII. Pero… es Cortázar, claro.

El autor nos quiere convencer de que estas interpretaciones son incluso exactas y que es tan fácil verlas tanto colocando al cuadro en posición tradicional como si lo colocamos al revés o de costado. La fantasía entra en juego en la descripción del cuadro: si se acerca una vela encendida a los ojos del retratado, descubriremos que “eso no es una cara”.

El final es realmente aterrador:

Este hombre que te mira vuelve del infierno; aléjate del cuadro y lo verás sonreír poco a poco, porque está hueco, está relleno de aire, atrás lo sostienen una manos secas, como una figura de barajas cuando se empieza a levantar el castillo y todo tiembla. Y su moraleja es así: «No hay tercera dimensión, la tierra es plana, el hombre repta. ¡Aleluya!». Quizá sea el diablo quien dice estas cosas y quizá tú las crees porque te las dice un rey”.

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