Aproximación al feminismo, por Pilar Sánchez Álvarez

En su estudio Prevención de la violencia contra la mujer, aplicado a jóvenes de la  Región de Murcia, Pilar Sánchez realiza una sistematización muy completa del concepto de feminismo. En tiempos de acomodados y acomodadas, cuando hemos olvidado el esfuerzo y la sangre necesaria para conseguir los logros sociales que hoy disfrutamos, resulta interesante hacer un vistazo general del feminismo en su evolución histórica.

Este es un resumen y análisis del capítulo 2 del libro Prevención de la violencia contra la mujer, de Pilar Sánchez Álvarez (ver análisis de Capítulo 1)

La confusión del feminismo: ¿ser feminista es ser ETA?

Pilar Sánchez Álvarez, prevención de la violencia contra la mujerMuchas veces me he preguntado a qué se debe la enorme confusión en torno al concepto de feminismo. El hombre y la mujer de a pie, ese ser humano que encontramos al salir de las universidades (¿Ser Humano Real?) a menudo se indigna al tocar el tema y exclama con fervor: «¡Yo no soy feminista ni machista!».

Me han sangrado los oídos al escuchar esa misma frase en boca de quienes trabajan en organizaciones que se dicen promotoras de igualdad y en mujeres que en realidad estarían muy a favor de la igualdad pero que se niegan, sin embargo, a autodenominarse como feministas. 

¿Ser feminista está mal visto? ¿Es algo «out»? El concepto de feminismo, en mi opinión, se ha desvirtuado y ha llegado a creerse que su significado está cargado de un sentido similar al del vocablo machismo. Se asocia al feminismo con la violencia, con el pensamiento extremo en el sentido de irracional y agresivo. Esta confusión terminológica —que se evidencia si leemos un poco— no es casual y probablemente, en parte la fragmentación del feminismo en los diversos feminismos ha contribuido a que esta confusión aumente.

Pilar Sánchez define al feminismo de la siguiente manera: 

  1. El feminismo como teoría explicativa de la situación de subordinación de la mujer
  2. El feminismo como teoría explicativa de la constitución del sujeto femenino a través del género.
  3. El feminismo como movimiento social y político (Victoria Sau, 2001)
  4. El feminismo como disciplina, genealogía, historia… con diferentes corrientes y métodos que orientan la vida de las personas.

El capítulo II de su estudio está dedicado exclusivamente a establecer la evolución y el concepto del feminismo. Vamos a analizarlo.

La evolución del Feminismo

Penélope y los pretendientes – John William Waterhouse

Podemos decir que el feminismo nace como “una reacción a un mundo donde las mujeres no tenían existencia, un mundo de hombres, hecho por ellos y para ellos“. Basta pensar en las sociedades antiguas (por cierto, todas ellas esclavistas) para entender cómo las mujeres, por ejemplo griegas, eran recluidas al espacio privado y privadas de la vida pública.

Si bien siempre existieron mujeres feministas (aunque no autodenominadas de esa manera) en todo tiempo y lugar de la historia, generalmente se trató de excepciones y la mentalidad de la época no permitía que esas ideas llegasen a representar un movimiento unificado.

Rousseau – pensador ilustrado

¡Qué llamativo resultan algunos datos que cita la autora! En plena época ilustrada, con valores como igualdad y libertad… un pensador tan avanzado como Rousseau expresaba: «toda educación de las mujeres debe de estar referida a los hombres. Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, criarles de pequeños y cuidarles cuando sean mayores, aconsejarles, consolarles, hacerles la vida agradable y dulce: éstos son los deberes de las mujeres de todos los tiempos y lo que ha de enseñárseles desde la infancia»

La primera guerra mundial reveló al mundo que las mujeres eran capaces de trabajar en la esfera pública, porque las necesidades bélicas provocaron la disminución de la población masculina en las ciudades. El feminismo de la llamada primera ola, se centró en la reivindicación del voto femenino con autoras como Concepción Arenal, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai, Simone de Beauvoir… La llamada segunda ola del feminismo (con influencias desde el psicoanálisis y el marxismo) radicaliza la causa y se emparenta a partidos políticos de izquierda.

Feminismo de la igualdad y feminismo de la diferencia

Pero la clasificación y explicación del feminismo se  vuelve más compleja. Pilar  Sánchez hace referencia a dos tendencias que empiezan a crearse en el feminismo de los años setenta:

  • El feminismo de la igualdad (Iris Youg, Nancy Fraser, Celia Amorós, Amelia Valcárcel), que considera que la masculinidad y la feminidad son “roles de género construido socialmente y por consiguiente, al ser un constructo creado por la sociedad, perjudica a una parte de la humanidad y en cuansecuencia, hay que acabar con esos roles de género”.

 

  • El feminismo de la diferencia (Rosi Braidotti, Helene Cixous, Victoria Sendón, Carla Lonzi, Luisa Muraro y milagros Rivera) donde todo se discute, donde las mujeres piensan sobre ellas mismas “desde dentro”, buscan la libertad asumiendo la diferencia sexual y el postulado de que lo femenino es diferente de lo masculino.

 

 

Ambas tendencias pretenden la liberación de la mujer, pero lo hacen desde postulados y miradas diferentes.

  • El feminismo de la igualdad: aboga por cambios de leyes, condiciones sociales opresoras…
  • El feminismo de la diferencia: aboga por cambiar la vida privada, explorando la autoconciencia. Estas feministas “trabajan en pequeños espacios para hacerlas visibles, o educarlas, potenciando el propio respeto y aprendiendo sus derechos“.

¿Debemos las mujeres, una vez logradas tantas conquistas sociales y de derechos, actuar y pensar de la misma manera que los hombres? Desde el punto de vista del feminismo de la diferencia, más bien la mujer debería buscar qué es lo que puede aportar desde su condición femenina al mundo nuevo que se le presenta con más libertades que antaño. Las igualdades políticas y sociales no implican que seamos iguales a todo nivel. No hay que querer ser iguales a los hombres, porque si hiciéramos esto —dicen— terminaríamos perpetuando el modelo androcéntrico.

“Se ha contrapuesto igualdad a diferencia cuando en realidad se debe contraponer a desigualdad. No se puede conseguir la igualdad sin mantener las diferencias.  La anulación de las diferencias lleva a un modelo único, a un pensamiento único, un modelo dominante y dominador”. 

Esta idea resulta atractiva, pero también es verdad que el feminismo de la diferencia ha caído en la constatación de la mujer como lo “absolutamente otro (a mi juicio, una exacerbación de la diferencia porque… ¿acaso hombres y mujeres no somos, también, similares?).

Esta corriente ha estimulado la desigualdad como camino, ha resaltado las “incompatibilidades con los hombres (…), el rechazo de lo masculino animando el affifamento o el fomento de la superioridad y autoridad de la mujer en la sociedad, impulsando el lesbianismo“.

¿Existe una esencia femenina? ¿Contribuye en algo su puesta en escena como elemento central que venga a solucionar la problemática de la mujer actual (problemática que es básicamente social, laboral, familiar)?

Los nuevos feminismos

La autora detalla, para finalizar el capítulo, los diversos feminismos que surgen en la actualidad. Algunos de ellos son:

luisa

El anarquismo feminista (Luisa Cappetillo, Salvadora Medina, Mónica Mendoza, Julieta Paredes, María Galindo)

Opuesto a toda forma de jerarquía.

El feminismo radical (Valerie Solanas, Germaine Greer, Evalyn Reedson)

Un rechazo total de las construcciones de género.

 

 

El ecofeminismo (Vandana Shiva)

Según Pilar Sánchez, nació “como contestación a la apropiación masculina de la agricultura y de la reproducción” y se asocia este hecho con las consecuencias negativas de la sobreexplotación de la tierra y la mercantilización de la sexualidad femenina.

NEKELEl feminismo holístico (María Sánchez, Victoria Sendón, Montserrat Guntin, Elvira Aparicio)

Con la conciencia de un cambio en el mundo y la idea de que todo está en conexión, añadiendo la ruptura con el orden patriarcal comenzando por una revisión del lenguaje.

Este feminismo entronca con el feminismo de la diferencia y en España resalta con nombres como Clara Campoamor, Margarita Nelke, Victoria Kent o Dolores Ibarruri.

 

Los valores de la postmodernidad

La autora habla de una tercera ola de feminismo, para referirse al feminismo de la postmodernidad. Desde los años 90 se ha llegado a corrientes altamente pluralistas, diversas, que dan protagonismo a las mujeres de minorías étnicas, lesbianas, transexuales. Se habla de ciberfeminismo (Donna Haraway, Sadie Plant, Guerrilla  Gris) y del feminismo queer (Judith Butler, Eve Kosoksky o Tamsin Spargo).

Dentro del catolicismo, Pilar Sánchez establece las corrientes feministas que las corrientes más progresistas han promovido. El punto central del feminismo católico es la maternidad (la lucha por que la mujer no deba sacrificar su maternidad para realizarse profesionalmente, es decir, la conciliación), la familia y la importancia de la valorización del papel educativo que las mujeres han tenido a lo largo de la historia (replantean las horas dedicadas fuera del trabajo remunerado, y critican que se las considere como horas perdidas). Dos ideas sostienen el cuerpo teórico del feminismo católico:

  • La idea de que el sexo no es una condición esencial, sino que es un mero accidente (en términos aristotélicos).
  • La idea de la complementariedad, que acepta las diferencias pero sin romper la igualdad ontológica (ambos son personas).  La complementariedad invita a una asimilación mutua de los valores del otro, femeninos y masculinos.

 

El panorama del feminismo hoy

¿Está el feminismo acabado como movimiento social?  Pilar Sánchez nos cita a autoras con opiniones diversas. Para algunas, el feminismo está acabado porque la mujer se ha convertido en un objeto, se ha volcado en aspectos hedonistas y sexuales (Susana Tamaro).

Sin embargo, Pilar Sánchez es optimista en este aspecto ya que, aunque se ha perdido el interés por la lucha feminista, “muchas jóvenes han desarrollado un feminismo cuyo objetivo es la mejora de la sociedad individual sin excluir a los varones“.

Si bien adhiero a la postura de Pilar Sánchez, en tanto creo que el feminismo debería convertirse “en un movimiento global contra toda injusticia, no sólo de las mujeres occidentales, sino de todas las mujeres, y a través de ellas, de toda la sociedad”, comprendo que es este un proceso paulatino y me parece que no podemos olvidar (ni los hombres ni las mujeres) la larga trayectoria de opresión y confinamiento, de exclusión y de esclavitud a la que fue sometido el sexo femenino durante siglos. No se trata, en absoluto, de revanchismos ni reproches absurdos sobre mentalidades que ya no nos representan. Se trata de recordar, de no olvidar cómo se ha construido el mundo que nos rodea, incluyendo los lenguajes, las costumbres, tradiciones y creencias más arraigadas.

“No se puede olvidar la deuda histórica de las mujeres actuales con todas las mujeres de otros siglos anteriores”

 

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