Ser o no ser… ¿Esa es la cuestión?

 ¿Es el tiempo una ilusión? ¿Vivimos esclavizados a algo que en realidad no existe? ¿Estamos yendo por el mundo con los ojos tapados, dándole importancia a lo que no la tiene? Para ser libres, ¿debemos buscar las esencias de las cosas? 

Son las concepciones idealistas y materialistas las que se oponen con fuerza entre las distintas ideas de los filósofos; son estas dos diferentes formas de posicionarse las que dan origen a grandes movimientos filosóficos que aparecen como respuesta a otros… ¡Y así sucesivamente!

Pero la realidad es que el idealismo terminó imponiéndose y lo hizo con fuerza de la mano de Parménides. Esta visión de la realidad era un tanto particular (o quizás, deberíamos decir que negaba la realidad, dependiendo del concepto que tengamos de “realidad”): Para Parménides la naturaleza está llena de cambios a los que asistimos a diario, pero esos cambios no son reales. Asistimos a procesos de nacimiento, degradación y muerte, por ejemplo, pero esos cambios no son más que opiniones, visiones falsas de la realidad. Lo que de verdad existe es el “ser”, que es inmutable, inmóvil y único. Es el mismo pensamiento, que tiene existencia en sí misma. El Ser no es la naturaleza, ésta es algo diferente. El Ser es la esencia de la Naturaleza. Hay, en Parménides, una abstracción del Ser.

De alguna manera todo esto nos suena a algo sobrenatural, inaccesible por medio de los sentidos. Se trata de una dimensión humana a la que sólo puede acceder la razón (no la racionalidad). Vamos a desmenuzar las premisas de  Parménides, pues para éste existen tres vías de conocimiento:

  1. El Ser es y el no-Ser es. Esta es la manera de proceder de los pitagóricos, que eran dualistas: pensaban el mundo organizado en una lista de opuestos (similar a la de los Jonios aunque no igual). El origen del Cosmos se explicaría a partir de dos principios de lo que se originaría el todo.
  2. El Ser y el no- Ser es una y la misma cosa. Esto es lo que había dicho Heráclito. Heráclito de Éfeso (filósofo bastante admirado por Nietzsche) decía que aquellos elementos que se oponían, en realidad eran parte de un mismo proceso, dos caras de la misma moneda (la vida y la muerte, el frío y el calor, etc…). Esta era la dialéctica heracliteana. Su filosofía partía de la afirmación de que todo es movimiento y continuo cambio de un estado al otro, pero manteniendo la identidad de la cosa.
  3. El Ser es, y el no-Ser no es. Esta es la propuesta de la filosofía de Parménides.  Esta manera de pensar es la única que nos acerca a la Verdad. El dualismo sólo nos puede confundir al partir de dos principios. Sólo existe el Ser y nada más (todo lo demás es apariencia). No hay lucha ni armonía de contrarios, no hay contrarios, la naturaleza no se da en términos contradictorios, no se desarrolla de esa manera, simplemente Es. Y resulta completamente inútil, para Parménides, intentar comprender al Ser mediante los sentidos, ya que sólo podemos acceder a él mediante la Razón (mediante la Filosofía, la contemplación, el saber).

 

Pfff… Vamos a hacer un descanso de tanta filosofía antigua.

Hace poco leía un libro un tanto místico, pero interesante, que al parecer es bastante conocido. Se llama El proceso de la presencia, de Michel Brown.  Este libro es una guía para todas aquellas personas que quieran practicar un estilo de vida basado en la meditación y la respiración consciente. Yo lo leí de una manera bastante escéptica y no he tenido tiempo de ponerlo en práctica, pero creo que tiene mucho que ver con las ideas de Parménides y me parece que esta comparación nos puede hacer entender cómo las viejas ideas alimentan las actuales.

Brown se centra en la tesis de la negación del tiempo: para él, el tiempo es una ilusión. Lo mundano no nos deja ver lo que está oculto: la conciencia de nuestra presencia interior. ¿Vivimos esclavizados a algo que en realidad no existe? ¿Estamos yendo por el mundo con los ojos tapados, dándole importancia a lo que no la tiene? Una persona libre, para Brown, sería aquella que vive centrada en sí misma, con independencia de la situación vital que esté atravesando:

“Si no sentimos gratitud por el mero hecho de estar vivos, es porque nos hemos desviado, nos hemos apartado del instante presente y nos hemos sumergido en una ilusión mental denominada tempo” (Michel Brown, El proceso de la presencia).

Meditar es, en última instancia, suprimir la llamada ilusión del tiempo. ¡Ah! ¡El mundo de los iluminados! ¡El mundo de aquellos que están en La Verdad! ¿No es acaso esto lo que tanto molestaba a filósofos como Nietzsche? A mí se me ocurre pensar que no sólo la meditación logra generar un estado de consciencia (de ahí que muchos realicemos actividades que nos hagan “perder la noción del tiempo” porque nos gustan mucho, porque nos abstraen, nos trasladan a otro estado mental…). ¿Será esto lo que nos conecta con ese Ser en sentido parmenideano? 

El divorcio de los sentidos y la razón: el origen de nuevos caminos para la Filosofía

A partir de estas ideas eleáticas, se esboza el camino de lo que va a ser la Filosofía a continuación: una lucha encarnizada entre el materialismo y el idealismo —como ya decíamos— pero también entre el racionalismo y el empirismo/ sensualismo. Es decir que a continuación, no será posible hacer Filosofía sin tomar posición sobre esas consideraciones: o se está a favor de los sentidos como vía de obtención del conocimiento de la realidad, o se está en contra. O se está a favor de la supremacía de las esencias, las ideas, la trascendencia, etc., o se está en contra.

El seguidor más acérrimo de Parménides será su discípulo Zenón de Elea (ver vídeo de abajo), quien llegó a postular argumentos contra el movimiento, afirmando que la noción de movimiento es absurda. La realidad parece que está en movimiento y que es múltiple, variada. Pero en realidad esta diversidad fenoménica no corresponde al verdadero ser. No negó la percepción del movimiento (es decir, efectivamente es real el que yo perciba el cambio por medio de los sentidos), pero rechazaba que esa percepción nos diese conocimiento verdadero. No entraremos en analizarlas aunque son realmente divertidas de estudiar las “aporías del movimiento“, las cuales eran ejemplos que daba Zenón para justificar que, en efecto, el movimiento no es real. Sus aporías ya han sido debidamente refutadas por la lógica, las matemáticas y física modernas.

Nietzsche se va a mostrar muy crítico al respecto y toda su filosofía es un divertido ataque a los filósofos de la Verdad, es decir, filósofos a los que critica de dogmáticos, de prejuiciosos y tendenciosos; filósofos que cayeron en la trampa de creer que hay sólo una Verdad y que la única manera de alcanzarla es —¡cómo no!— adoptando su manera de pensar.

Los pensadores materialistas, y más aún los pensadores marxistas, ponen en evidencia que estas maneras de pensar de tipo idealistas-racionalistas se dan especialmente en aquellos filósofos defensores de la aristocracia, enemigos de la democracia. Serán los materialistas del siglo V aC los primeros en abordar una respuesta en contra de los eleatas y de todo este esquema de pensamiento.

Anuncios

¿Sabes escribir? ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s