Beatriz Guido y la polémica del peronismo en la Argentina.

Un sofista de los antiguos dijo una vez: Nada existe. Si algo existiera, sería incognoscible. Si fuera cognoscible, sería incomunicable. Si lo aplicamos a la historia, a la memorización de fechas y lugares y batallas, entonces la historia es pasado y el pasado no existe (si existe, es incognoscible… y sobre todo, incomunicable).

Perón y EvitaLa historia la escriben los que ganan, se suele decir. Pero incluso aunque no fuera así, ¿no cabría dudar, también, de una historia escrita por perdedores? Pero a pesar de todas estas peregrinaciones por callejones oscuros, nos interesa y nos maravilla el pasado.

A veces me pregunto: ¿Qué demonios tengo que ver con la Argentina de Perón? Yo, que nací en 1988; yo, que vivo en España desde hace ya 12 años. A veces el pasado te viene a buscar sin que lo llames. O a veces lo llamamos sin darnos cuenta, como si en esa aleatoria selección de un libro nos dejáramos llevar por el inconsciente.

Fue en uno de esos viajes a Buenos Aires —que suelo hacer cada tanto para calmar la nostalgia— cuando adquirí un par de novelas de la escritora Beatriz Guido, famosa por su posición antiperonista y por tal motivo tildada de gorila.

 

El incendio y las vísperas.

El incendio y las vísperas - Beatriz GuidoDesde esta postura abiertamente antiperonista, Beatriz Guido escribe El incendio y las vísperas. El tema central en la obra de Guido, a mi juicio, es la denuncia de la situación que atraviesa la clase social acomodada, a la que pertenece por herencia. Denuncia los prejuicios —especialmente sexuales— y la supuesta existencia de una decadencia buscada políticamente por los gobiernos demagogos. Del peronismo aborrece el caudillismo y la demagogia. Así lo admite Beatriz Guido, en una entrevista:

“El tema que trato de reflejar es el de una clase, a la cual siento pertenecer por el lado materno, y que aunque formaron el país hoy están en completa decadencia. Permitieron que todo les fuera arrebatado. Esa realidad criolla o latinoamericana es la que trataré de reflejar en mi próximo libro”.

 

Los personajes de la novela aparecen invadidos por las fuerzas de Perón. Lanzada en los años 50, la novela fue todo un éxito en número de ejemplares. Aclamada por unos, odiada por otros, lo cierto es que dio mucho de qué hablar.

Por aquel entonces, ya se había formado en la Argentina un núcleo de escritores antiperonistas que veían en Perón a un dictador (Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Julio Cortázar, Manuel Mujica Lainez, Ernesto Sábato…). En contra, también había un grupo de escritores que defendían el nacionalismo de Perón entendiéndolo como la manera de defenderse de un mundo tan convulso como era el panorama internacional de los años 40 y 50. Entre estos últimos, se citan a Arturo Cancela, Leopoldo Marechal, Horacio Rega Molina, José María Castiñeira de Dios, César Tiempo y Manuel Gálvez.

¿Cuál es el papel de la literatura en este contexto intrincado de la sociedad argentina? Contribuir, quizá, a esa polémica sobre la democracia, las revoluciones y contrarrevoluciones, las izquierdas y sus alcances.

“En El incendio le hago juego a la derecha. Tienen razón aquellos que me criticaron. Intenté pintar lo que puede hacer una clase para defender la tierra; se hacen peronistas para que no les parcelen el Parque de la Ancianidad; ahí sí hice política de clase. Critiqué tanto lo de Perón, torturas, etc. que se me fue de las manos, me pudo mi clase”.

 

Conclusión

Para unos, el peronismo fue la desgracia del país y se sentirán bastante representados en la obra de Guido. Para otros, el peronismo es casi un dogma inquebrantable, algo mucho más allá del plano ideológico porque incluye también aspectos axiológicos. Por mi parte, nunca me sentiría cómoda elaborando juicios maniqueístas sobre el peronismo. Creo que estoy física y temporalmente muy lejos de aquellas vivencias. Sería una descortesía consagrarme desde este humilde espacio en la defensa o en el agravio de luchas que ni combatí ni propicié.

PeronismoAdmitiré cierta dificultad para conciliar el placer literario de leer a Guido con el alejamiento ideológico no ya hacia su antiperonismo, sino a ese tan marcado liberalismo. De Guido no admiro su carácter. Tampoco me parece su obra lo mejor que se ha escrito en el país. Después de todo, también se encontraron reductos antiperonistas en la narrativa de Cortázar (hay una interpretación del cuento “Casa tomada” como cuento antiperonista que el escritor argentino nunca negó), pero la lectura “gorila” que se puede hacer de Cortázar es siempre mucho sutil y delicada.

Soy capaz de divertirme con las novelas de Guido. Soy capaz de disfrutar con aquellas descripciones de pasados que me son ajenos, meterme en la psicología de sus personajes —curiosos para una lectora del siglo XXI— que no me representan pero que sí me ayudan a entender algo más sobre aquellos tiempos; tiempos misteriosos y apasionantes de la Argentina peronista y antiperonista, tiempos que se repiten (quizá cíclicamente) en nuestra historia.

 

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